Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Portugal. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de junio de 2020

Mapa para un poeta perdido

No fim tu hás de ver que as coisas mais leves são as únicas
Que o vento não conseguiu levar.
Mário Quintana

1

   La maldición de las palabras. Eterna. Vigente. Agiganta el tamaño de sus páginas, expande su meseta infinita de letras. Nunca es bastante. Se recorre el océano para nunca cruzar la línea donde acaba. El ejercicio cabezota del poeta, incluso cuando sus versos quedan olvidados, traspapelados, ocultos. ¿Quién los necesita? ¿Los ha pedido alguien? ¿Por qué no callarse si todo fue dicho? ¿Todo fue dicho?
   La misma maldición para el lector, con frecuencia agotado por la caminata. Agradecido cuando para ante el caño de la fuente. Desmesura de la herencia, que lo achicharra en la travesía si no encuentra sombra. Perseverancia con insólita recompensa. Un acierto fugaz, botella que libera al destaparse su mismo suspiro.

2

   Sigue habiendo textos perdidos, se encontrarán nuevos, nunca dejarán de revolotear. Acrobacia combinatoria de vencejos, los poemas. 
   He aquí el mapa de su vuelo: la marca de unos puntos, fotogramas sueltos de un poeta que no está, que no esperaba. Nadie contaba con que hubiera ojos dispuestos a descifrar sus garabatos. Pero también las aguas subterráneas un día devienen manantial. 
   No ha habido traducción del improbable discurso de João Alves Silvestre. La otra maldición, la de Babel, atenuada por su cualidad transfronteriza. Apenas un editor que hilvana los saltos de gorrión, que cuenta los segundos entre relámpago y trueno. 
   Poemas dispuestos para ser visitados, carta de navegación de un viaje sin propósito, como lo serán todos.

3

   Este mapa ahora es tuyo, lector, visitante improbable, también, de una aldea perdida, de las ruinas del acueducto que el viento dejó de mirar. Entra en sus líneas, livianas, dudosas, como corresponde, de su propio valor.

jueves, 19 de febrero de 2015

Transfronterizo

   Ayer compré un diario portugués y escuché la radio un buen rato mientras atravesaba el Algarve, Alentejo, Ribatejo, Beiras y Minho. Para los creyentes en el dogma estúpido de las fronteras, tengo noticias: problemas en los centros sanitarios, nueva ley de seguridad (con posibilidad de "lei marcial" incluida), reestructuración bancaria (La Caixa anda comprando bancos portugueses, ahora el BPI), investigaciones sobre estafas (BES en lugar de Bankia o....),  despidos de funcionarios, que si la educación...  
   Aunque siempre queda el fútbol y la bajada de los tipos de interés para consolarse, eso sí. Solo un informativo portugués puede dedicar tanto tiempo al fútbol como uno español. Cristiano Ronaldo, Mourinho, Champions... ¿a alguien le suena?
   Sin ponerse innecesariamente fraternales resulta que somos lo mismo a los dos lados de esa raya imaginaria. Por muy poco que solamos saber del vecino no estaría mal darse cuenta de que somos parte del mismo plan. Y quienes lo dirigen solo creen en las fronteras cuando les beneficia.
   Ya es hora de aprender, ¿no?


PuenteromanoriveraTrebejana
Puente fronterizo del río Erjas

domingo, 16 de septiembre de 2012

Jugársela o...

"Nadie es tan esclavo como quien se cree libre sin serlo", 
 J. W. Göethe

   "Que se lixe a troika, queremos as nossas vidas" (a la mierda la troika, queremos nuestras vidas) fue el lema de las movilizaciones de ayer en Portugal. Claro que es mucho más políticamente incorrecto de lo que se podría esperar en este país tan aborregado. ¿Por qué? Probablemente porque los portugueses acaban de comprender a quién se enfrentan; ya han apuntado al enemigo, como pasó en Grecia. 

Basta de roubar o povo!
     Por el contrario en España aún no se tiene claro. No hay más que comparar aquel con el lema de la manifestación de Madrid: "¡Vamos! Quieren arruinar el país. ¡Hay que impedirlo!". Más allá de la odiosa sintaxis de este segundo, la diferente intención de los convocantes y de la mayoría de los participantes en cada una resulta patente: mientras el portugués se dirige a quienes controlan efectivamente su economía y, en consecuencia, gobiernan injusta e ilegítimamente, el de los sindicatos timoratos de España parece sacado de un libro de autoayuda. Lo mismo se puede decir de la única reivindicación: que el gobierno convoque un referéndum ¡para que se voten las leyes que ellos mismos han aprobado ya con su mayoría en el congreso! ¿De verdad puede haber un mayor disparate? Además de que el referéndum en cuestión nunca se daría, ¿no es una forma pacata de legitimar a la aristocracia política?
   El resultado de la manifestación, aunque sin carga policial, se acercó mucho al de la que apoyó la huelga de la minería el 11 de julio: envío de autobuses más o menos subvencionados, gritos y discursos protocolarios, mercadotecnia sindical y puntualidad británica a la hora de disolverse, de tal forma que quienes se unieron a la protesta en el llamado "bloque antideuda" (asambleas de barrio, sindicatos no subvencionados y otros colectivos) asistieron, otra vez perplejos, a un verdadero paripé de protesta, como refleja Enrique Flores en sus anotaciones.
   La verdad es que hace un año no parecía tan difícil de asumir una explicación coherente de la situación que provocara una verdadera movilización masiva y, al menos, pusiera en dificultades al gobierno, la UE y su maraña de instituciones y la clase alta. Podía suponerse que a estas alturas estaba claro que los partidos políticos mayoritarios estarían completamente deslegitimados, al igual que los sindicatos que no defendieron a los trabajadores; que la gente comprendería que no había que seguirles el juego a los poderosos, que el sistema capitalista había fracasado estrepitosamente y que, para solucionarlo, había que darle a todo una vuelta como de calcetín.
   Pero, sin embargo, no está pasando nada, como recordé en una entrada anterior: el gobierno cada vez toma medidas más injustas a favor de los dueños del capital y la inexistente clase media es más low cost que nunca y aún suspira "virgencita, virgencita...". El único acto de rebeldía ha sido comprar menos porque... no se puede, mientras el ensayo de sociedad que quería tender a la igualdad, la justicia, etc., se va deshaciendo como la capa de hielo del océano ártico.
   No quiero decir que nadie esté haciendo nada, solo que son pocos, muy pocos quienes verdaderamente están dando guerra a los dirigentes del desastre: hay unos miles de personas en un país de 45 millones que han propuesto movilizaciones mucho más reivindicativas y exigentes (las acampadas, manifestaciones no autorizadas, la próxima iniciativa de "Rodea el Congreso"...), han denunciado controles policiales, impedido desahucios...
   Lo suyo les cuesta, pues ha habido cientos de detenciones y miles de identificaciones y multas desde la primavera pasada, las últimas el sábado y precisamente bajo la consigna de eliminar cualquier referencia a la movilización del 25S, que es la que verdaderamente preocupa a los poderosos y su policía (incluso han identificado a los participantes en la asamblea que la organiza como posibles conspiradores sediciosos). Se la están jugando y, sin embargo, nadie parece entenderlo, tal es la falta de solidaridad.
   Y, de forma muy valiente, unos profesores madrileños se han atrevido a convocar una huelga indefinida sin el apoyo de la corte sindical (UGT, CCOO, STEM, ANPE, etc.) porque saben que con sus métodos no se consigue nada. Hoy no van a empezar el curso en secundaria. Y si estos profesores fueran suficientes, el caos y la presión serían tales que la Comunidad de Madrid tendría obligatoriamente que reconsiderar la situación y retroceder en sus propósitos.
   Este es el ejemplo. O nos la jugamos de alguna manera o puede darse todo por perdido. Lo siento si duele, pero veo mucha más gente resignada que rebelde y muy poca conciencia de la gravedad de lo que está sucediendo. 
   Ojalá las próximas movilizaciones funcionen, reúnan a tantos como para que el resto se replantee su actitud y sirvan de ayuda a otras por venir. Ojalá la huelga que empieza hoy, aunque ignorada por los medios, empiece a cambiar mentalidades asustadas. Ojalá no se recuerden estos años por la desaparición de la solidaridad y la capa de hielo del Ártico. Ojalá, porque no tengo nada claro que escribir esto sea hacer verdaderamente lo que es necesario.

domingo, 10 de abril de 2011

Lágrimas de Portugal

Cabo Sao Vicente
Ó mar salgado, quanto do teu sal
Sao lágrimas de Portugal!
Quem quer passar além do Bojador
Tem que passar além da dor. (1)
    Mar português. Fernando Pessoa.

   No puedo evitar que entre las noticias de los últimos días una me haya afectado mucho más: la bancarrota de Portugal. No son tiempos para equiparar desastres, pues hay de sobra, pero el sentimiento apremia.
   Portugal es mi casa. Realmente mi patria, si es que existe, ocuparía una buena parte de su territorio. Sé que estoy volviendo a ella cuando paso su frontera, esa raya que apenas separa nada, y sigo sintiendo al hacerlo una emoción particular. A pesar de haberla cruzado más de cincuenta veces. Da igual que sea a través del Duero, el Tajo, el Miño o el Guadiana. Cuando la mayoría solo percibe un cambio en la tipografía de la señalización, las matrículas y el precio de los carburantes yo noto que vuelvo a mi tierra, tanto como cuando veo después de meses los álamos de las riberas del Duero y el Pisuerga.
   ¿Una explicación? Puedo dar razones más o menos comprensibles: allí aprendí a vivir por mi cuenta, me enamoré, y asumí una segunda lengua. Pero hay algo más. Conecto con su literatura, con cierta estética y forma de ser o de comer, con sus palabras... Quizá sea difícil de entender, no lo niego, pero en esto tuvo que haber alguna predestinación o una familiaridad genética perdida: desde que llegué me sentí así. Allí todo parecía más hermoso. Vaya a saber por qué.
   Siento, eso sí, que es un país que la mayoría no valora como debiera, sobre todo en España e incluso en Galicia, con quien la relación es tan estrecha. Una tierra que los extranjeros no han intentado comprender y que los españoles olvidan nada más cruzar esa raya imprecisa entre los montes. Recordarán todos vagamente lo buenos que estaban el pescado y el vino, la arena magnífica o las visitas monumentales, pero poco más.
   Sin embargo, y aparte de la mitomanía a lo Kafka que ahora se despliega con Pessoa, sin duda el mejor poeta de la historia, ¿qué sabemos de José Afonso, de la Revolución de los claveles, de los viajes oceánicos del s. XV, de Eça de Queiroz, de Salazar y su dictadura, de Gil Vicente, de los partidos que tienen representación en su parlamento, de Miguel Torga, de la pronunciación de sus palabras?
   Ahora recorre los diarios el temor de que los bancos españoles se vean afectados por la quiebra del estado portugués. De hecho, el préstamo usurero que va a desangrar a los portugueses servirá en gran parte para cubrir sus fallos. Preocupa que pierdan las mismas empresas españolas que han comprado un buen pedazo de las portuguesas para ampliar mercado. Pero no nos engañemos. Si Portugal ha quebrado ha sido con el empujoncito necesario de todos los demás y, sobre todo, de aquellos a los que beneficia que Portugal sea hoy un país bastante más desigual (y, por lo tanto, empobrecido) que hace veinte años.
   Portugal ya intuía hace tiempo que Europa no los consideraba dignos de su club. Nadie se interesaba por ellos y por eso buscaron el mar, el horizonte. Armaron ruido, pero no fue suficiente. Y eso que sufrieron una de las dictaduras más duras de las que surgieron con el fascismo de entreguerras (que por cierto detuvo y entregó a muchos españoles) y supieron acabar con ella mediante una revuelta de las capas bajas del ejército apoyada por ciudadanos hartos. Ya nadie comenta ese valor único en la historia, como toda la cultura desarrollada de espaldas al continente. 
   Sin embargo, como España, se fue empequeñeciendo y asumiendo los mazazos de los siglos. Desde luego, por culpa de la soberbia e incapacidad de sus dirigentes. Como España, creyó despertar varias veces, a principios y a finales del XX. Pero todo, una vez más, era mentira. Como en España.
   Nuestras fatalidades son hermanas.
A Deus as maos alçamos.
Mas Deus nao dá licença que partamos.
Há doenças piores que as doenças. (2)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...