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sábado, 11 de noviembre de 2017

El hombre que escribe

Siempre quise ser sólo el hombre que escribe.
Ricardo Piglia (Emilio Renzi)

1

   Son varias viejas preguntas: ¿por qué garabatea alguien la página o emborrona la pantalla?; ¿a quién se dirige?; ¿qué espera que haya al otro lado de un texto que, seamos sinceros, no existe seguridad alguna de que vaya a ser leído por nadie?
   Para comenzar, convengamos en que hay en la escritura un esfuerzo por buscar un sentido, por desdoblarse y experimentar la realidad desde el punto de vista que se descubre más allá de las palabras que, afanosamente, uno logra apilar. Escribiendo se construye o se averigua. Es, como ya se ha dicho, un mensaje al primer (y muchas veces único) lector que es uno mismo. Su fe de vida. Se escribe, creo, como supremo ejercicio de consciencia, como demostración final del artificio humano. Y algunas veces se complica tanto que entonces sí resulta verdaderamente artificioso.
   Todo ello gracias al lenguaje, claro, pero mediante una operación que la lengua oral apenas permite simular. Su instantaneidad elimina buena parte de sus posibilidades. El arte de la tertulia ha desaparecido y ya no hay conversaciones suficientemente pacientes como para tejer entre varios interlocutores un sentido. Además, los textos se escriben para volver a ellos, no se sabe bien cuándo ni cómo ni por qué, pero para volver. Con mucha frecuencia, a uno mismo; algunas veces, para unos pocos; raramente, hacia cientos o miles.
   La literatura vive de estas rarezas. Por más tiempo que algunos le dediquemos, no queda más remedio que admitir que su derrota está asegurada y sus triunfos solo pueden ser efímeros. Llevamos tiempo agarrándonos a su excepción y eso a unos pocos nos ha cambiado la vida.
   La escritura, a pesar de todo ello, nos retrata. En el sentido más profundo de la palabra. Incluso cuando, en principio, no se pensara en futuros lectores. O precisamente entonces. Los del vicio cervantino, el que consiste en leer hasta los papeles rotos de la calle, no nos conformamos ni con la literatura. Diarios, revistas, recortes, cartas, notas, apuntes... Hasta la propia historia (y también la literaria) ha sido levantada con escritos que no estaban destinados a leerse. Que debían perderse, arder o pudrirse. Y algún filólogo idiota los encontró, robó o pagó por ellos. Como todo, esto ya está explicado en el Quijote (cap. IX).
   En medio de este desatino, lo que se anota en los diarios es un ejemplo perfecto de cómo la escritura da cuenta de nosotros mismos. A veces, incluso, a partir de la vida de otro, como aparecieron aquí las palabras de Julio Ramón Ribeyro para titular el blog. Ya hablé entonces de las maravillas que encierra La tentación del fracaso. Este mes, sin embargo, lo he pasado con el último tomo de los diarios de Ricardo Piglia (Los diarios de Emilio Renzi III. Un día en la vida). La tentación de estrenar libros de las bibliotecas públicas...


2

   Reconozco que me había distanciado de Piglia. Él, que me parecía una referencia imprescindible, me había defraudado en ciertas ocasiones. Supongo que la causa era mi falta de interés en lo que escribió a partir del 2000 o sus juicios desdeñosos sobre los nuevos autores argentinos (a los que yo estaba dedicando un proyecto de tesis), sin pasar por alto la sentencia del juicio (en 2005) sobre el premio Planeta Argentina 1997, en la que se demostró que la editorial incorporó su novela directamente a las finalistas y presionó para que saliera ganadora, polémica que fue de gran alcance en Argentina, pero de la que aquí apenas se supo. Verdadero atrevimiento el de Gustavo Nielsen contra lo que el canon dispone siempre en el mundo editorial.
   Pero antes de este distanciamiento había disfrutado mucho con sus libros. Fue mi profesor quien me dijo que leyera Respiración artificial. Aún estaba licenciándome, y me impresionó. Tanto, que me acuerdo de la postura, la habitación, la luz, la casa en el momento en que lo terminé. Y que, como raras veces, releí algún capítulo inmediatamente. 
   Poco a poco, por dedicación filológica a lo argentino y por puro gusto, pasé a sus ensayos, Crítica y ficción y Formas breves (no recuerdo en qué orden, pero ambos espléndidos) y fui tirando de biblioteca: Prisión perpetua, La ciudad ausente, Plata quemada y Nombre falso, este ya unos años después, creo que reeditado, que me devolvió las sensaciones de aquella primera y casi única novela. Recuerdo una conversación con Eduardo Becerra en la que me contó cómo ese libro trascendental, tal vez el más importante de la literatura argentina de los últimos cuarenta años y que en España permanecía inédito a finales de los 80, se publicó tras un oscuro fichaje en el que Anagrama hizo el papel del Real Madrid y Lengua de trapo el del modesto que se queda con la miel en los labios. Finalmente, El último lector sí me gustó, pero no tanto como los ensayos anteriores. Blanco nocturno, por el contrario, la he olvidado, y eso que no han pasado tantos años. Puede que, como lector, uno necesite apartarse de los autores durante un tiempo para ser justo. Espero serlo, porque llevaba como cinco o seis años bastante lejos de él.

3

   Piglia había llegado tarde a España, al mercado editorial español quiero decir, porque parecía muy argentino y demasiado teórico. Se publicaba sin pudor a Puig, a Soriano, a Tomás Eloy Martínez, incluso a Néstor Sánchez y a Juan Carlos Martini o Mempo Giardinelli y se le premiaba con el Nadal a Saer. En Bruguera, en Seix Barral, en Alfaguara, en Planeta... Los restos del boom; la inercia de Cortázar, Borges y Bioy. Pero él parecía demasiado difícil. Como con Borges, se confirmó lo contrario, y Anagrama ha sacado buen partido de ello. Y la verdad es que desde entonces su nombre ha pasado por encima del de aquellos con toda tranquilidad y mayor o menor justicia (poética). Y ahora llegan, prácticamente un testamento, estos diarios, publicados casi como preparación de las necrológicas, cuando ya se sabía que la enfermedad, el ELA, estaba acabando con el escritor.
   Yo mismo sospechaba que estos diarios formaban parte de una pura estrategia editorial para agotar el crédito del muerto, prolongar más allá de la vida los contratos y recompensar a la familia. Se ha hecho muchas veces y ahí está el ejemplo reciente de Bolaño. Estaba desconfiado. Y, de hecho, algo de eso me parece que hay en el relato insertado en la segunda parte de este volumen, "Un día en la vida". Pero no en los diarios, que Piglia pensó en ordenar y publicar en bastantes ocasiones, como él mismo va confesando en distintos momentos. La jubilación le permitió disponer del tempo suficiente; la enfermedad le impidió hacerlo como hubiese querido. La tercera parte del volumen, "Días sin fecha", contiene precisamente las anotaciones referentes a sus últimos años (2010-2016), desde la jubilación de Princeston hasta que su escritura, su razón de vivir, se hace literalmente imposible. Parte de sus últimas y conmovedoras anotaciones son estas:

Martes
Morir es difícil, algo me sucede, no es una enfermedad, es un estado progresivo que altera mis movimientos. Esto no anda. Empezó en septiembre del año pasado, no podía abrochar los botones de una camisa blanca.

Lunes
Vendo mi biblioteca, necesito espacio. Conservo solo quinientos libros, la biblioteca ideal, con esa cantidad se puede trabajar.
He empezado a declinar inesperadamente. No hay que quejarse.

Sábado 5
Mi vida depende ahora de la mano derecha, la izquierda empezó a fallar en septiembre después de que terminé el programa de televisión sobre Borges. Me sucedió en ese momento, pero no a causa de eso. Los médicos no saben a qué se debe. El primer síntoma fue que no podía hacer movimientos finos, los dedos ya no me obedecían.

Lunes
La mano derecha está pesada e indócil pero puedo escribir. Cuando ya no pueda… (p. 293)
   A partir de entonces, tal vez 2015, un forzoso silencio hasta enero de este año. Está disponible el programa que grabó sobre Borges para la televisión pública argentina y al que alude más arriba. Amedrenta pensar en alguien que es capaz de hablar como en este vídeo e inmediatamente se da cuenta de que su cuerpo acaba de fallar:



y 4

   Piglia se pasó sesenta años escribiendo. Echando un vistazo al listado de títulos resulta evidente que solo publicó una pequeña parte. Pero es que tenía una verdadera obsesión con la escritura. Escribió y reescribió de manera incansable durante toda su vida. Y esto debe leerse de forma completamente literal. Respiración artificial es, de hecho, la demostración de que la escritura misma es capaz de sostener una trama. Como había dicho Borges que había hecho Cervantes. 
   Por eso resulta fascinante la deslavazada y fragmentaria imagen que estos diarios dan del proceso de creación y publicación de esta obra. Y cómo su escritura encuentra el sentido en el correlato cotidiano y alucinante del momento histórico en el que la obra maestra se va fraguando. Cuatro largos años de dictadura hasta dar por terminada la primera novela en un ambiente asfixiante, sin perspectiva ni salida:

1976
Viernes 26
Lo peor es la siniestra sensación de normalidad, los ómnibus circulan, la gente va al cine, se sienta en los bares, sale de las oficinas,va a los restaurantes, se ríe, hace chistes, todo parece seguir igual pero se oyen sirenas y pasan a toda velocidad autos sin patente con civiles armados (p.23).

Martes 28 de septiembre
Sigue el descenso a los infiernos. Noticias siniestras sobre allanamientos y desapariciones (p.29).

1979

Sábado 24 de marzo
Aniversario catastrófico. Los militares llevan tres años en el poder y han destruido todo lo mejor de este país (p. 92).
   Efectivamente, la primera parte del libro comprende los diarios de 1976 a 1982, es decir, la continuación de sus anotaciones, que ya ocupan los dos tomos anteriores publicados por Anagrama. Justo desde los días previos al golpe militar hasta el final de la dictadura y su horrible estrambote en las Malvinas. La novela salió publicada a finales de 1980, por lo que realmente estas notas abarcan todo su período de redacción:
1977

Lunes 14
Novela. Avanzo a ciegas pero sé lo que busco y sé cuál es la novela que me gustaría escribir. Maggi es contratado -o le encargan- para escribir la biografía de alguien. (p.43)

Miércoles 23
Trabajo tres horas hoy y avanzo lentamente en el segundo capítulo. Cada frase me lleva una eternidad… (p. 49)

1978

18 de mayo
Hay que saber esperar. Dejar que llegue el modo de resolver esa historia que empezó bien y se detuvo (p. 78).
1980

Sábado 2
¿Será entonces posible? Escribir una novela en dos meses. A partir de resolver el capítulo I, escribí a una velocidad increíble, doscientas páginas en menos de cuarenta días (p. 109).

Jueves 5
La novela se va a llamar Respiración artificial. Encuentro en un poema de Eliot que me sé casi de memoria, desde los tiempos en La Plata, el epígrafe para la novela. “Tuvimos la experiencia pero no su sentido...”, etc.
¿De qué otro modo podría sobrevivir alguien en estos tiempos sombríos?

Viernes 6 de junio
Firmé, entonces, el contrato con Pomaire hoy. Después pasé a ver a Luis Gusmán. Compré zapatos. Iré a ver el film de Wenders El miedo del arquero ante el penal, basado en la novela de Peter Handke (p. 113).

   Pero, al mismo tiempo, las notas del diario relatan la creación de la revista Punto de vista (todo un emblema de resistencia cultural), el temor a los secuestros y las desapariciones, las clases privadas y casi clandestinas a grupos de estudiantes en pisos repartidos por la ciudad, las dificultades económicas, la imposibilidad del exilio, las desavenencias con otros escritores, los encargos de revistas y editoriales, las continuas mudanzas, los pensamientos suicidas, el bloqueo creativo, las ideas sobre la "crítica del escritor" contra la académica, las visitas veraniegas a la casa familiar, donde precisamente logra encarrilar por fin la novela de la que todos acabarían hablando.
   En fin, un pequeño tesoro para cualquiera, pero especialmente para alguien como yo, que ha gastado un buen pedazo de su tiempo en conocer la literatura argentina de aquella época. Tal vez sea, por esto mismo, una cuestión personal, pero su lectura me ha conmovido terriblemente. Y, de nuevo, cuando no lo esperaba, recordándome el valor del simple gesto de escribir. Aunque probablemente no lleve a ninguna parte, como se recoge en estas palabras de 1977:

Martes 25
¿No es increíble (pienso de pronto) que durante veinte años haya encontrado, a pesar de todo, el impulso para escribir estos cuadernos? Estas anotaciones cerradas que señalan el presente me han sido, sin embargo, fieles años y años. Atraviesan mi vida como ninguna otra cosa, mala escritura (en sentido moral) que no sirve para nada, que no vale nada, que algún día habrá que tirar. ¿O decidiré pasarlos a limpio y a correr los riesgos de encontrar mi estupidez? (p. 39)

   El riesgo, desde luego, es grande. Tanto si lo que escribe lo lee uno mismo como si lo da a leer.

domingo, 8 de mayo de 2016

Poesía peligrosa

Lo que le acontece a un hombre no es sino lo que había pronosticado su pasado.

   Me permito parafrasear el título de otro libro de Juan Tallón para reseñar brevemente Fin de poema (Alrevés, 2015; Sotelo Blanco, 2013). ¿Puede efectivamente la poesía resultar un artefacto peligroso? Los personajes de la novela de Tallón no son distintos a cualquier contemporáneo suyo. Pero todos se matan. Si se distinguen del resto es por ser poetas, por su relación especial con la literatura. Así que una deducción sencilla sería esta: sí, algo peligroso debe haber en ella.
   Solo que Tallón no pretende colocarla en el centro del relato. Al fin y al cabo, se narran las últimas horas de cuatro poetas y en ellas son más importantes los desengaños sentimentales, el cansancio, la soledad, el aburrimiento o la desidia. No, lo último que hace un poeta no es poetar, escribir o como se diga. Lo último que hace, como cualquiera, es beber, sudar, charlar, leer el periódico o una carta, pedir otra, llamar por teléfono, desesperarse, tomar pastillas...
   La idea, como la trama, es sencilla, pero tan bien resuelta como precisan ciertos ejercicios rutinarios pero sutiles. Simplemente, las horas discurren. No es necesario que ocurran cosas, solo que entendamos en ese pequeño intervalo cómo llega cada uno al borde del precipicio. De dónde viene. Al borde. Nada más. El resto es historia.
   Los cuatros poetas del libro (Pavese, Pizarnik, Sexton y Ferrater) desesperan porque, paradójicamente, ya no esperan nada. Así que para qué. Estas últimas horas, según pretende Tallón, son una muestra de vida anodina y, sin embargo, primordial, definitiva.  Todo en ellas es muy corriente, por supuesto, y prosaico, qué ironía: Pavese yendo solo a un hotel, Pizarnik en casa sin nadie con quien hablar, Sexton y Ferrater entrando y saliendo de los bares. Turín, Buenos Aires, Boston, Sant Cugat. Cada uno en un sitio que podría ser otro. La vida de los poetas, y su muerte, no son nada excepcional. Fracasan. Como todos. Por muy buenos poetas que fueran.
   Llegados a este punto no hay nada que escribir. Lo constata el propio Pavese con estas últimas palabras de su diario El oficio de vivir (fragmentos del 17 y 18 de agosto de 1950). Todas las palabras de ese año tienen el peso de una sentencia. Ya no es poesía, pues resultan abrumadoras, ciertas:
No tengo nada que desear en este mundo, salvo lo que quince años de fracasos excluyen ahora.
Éste es el balance del año no acabado, que no acabaré.
¿Te asombra que los demás pasen a tu lado y no sepan, cuando tú pasas al lado de tantos y no sabes, no te interesa, cuál es su pena, su cáncer secreto? [...]
Siempre sucede lo más secretamente temido. [...]
Basta un poco de valor.
Cuanto más preciso y determinado es el dolor, más se debate el instinto de vivir, y se debilita la idea de suicidio.
Parecía fácil, al pensarlo. Y sin embargo hay mujercitas que lo han hecho. Hace falta humildad, no orgullo.
Todo esto da asco.
No palabras. Un gesto. No escribiré más.

Portada de Julio César Pérez Martín. 

martes, 21 de enero de 2014

El temporal y el árbol

   No es mal momento, entre la cola y el frente de dos temporales, para hacer diario o, como diría Silvio Rodríguez, un "resumen de noticias":

1

   Miro, veo, escucho y pienso "ya está, consiguieron lo que querían". Resulta que la macroeconomía no para de ir mejor de lo que se esperaba y recuerdo que estamos en 2014. Coño, no se equivocaron, hace tiempo que dijeron que para 2015 o así todos íbamos a seguir jodidos pero estables y que ya si eso se empezaría a notar una "recuperación". Qué jodida es la teoría cuando se confirma. Explota una burbuja, se recoloca el capital, ganan los astutos, un par de trileros van al trullo y a girar la rueda otra vez. Dijeron que con sueldos más bajos; que con peores condiciones; que con menos servicios... Pues todo esto ya pasó y ¿a que no ha sido para tanto? Muchos aún no se dan por enterados. Otros, saben que ya pasó otras veces. Pocos, que no puede ocurrir de otra manera mientras. 
  Dentro de muy poco explotarán viejas burbujas en Brasil y en otros sitios. Y así sucesivamente. El gran capital aprieta pero no ahoga, tira de la cuerda todo lo que puede. Pero no mata. Al menos aquí, que estamos del lado bueno del muro, digo del Mediterráneo.

2

   Leo. Raciono la lectura de Por el bien del imperio, de Josep Fontana. No conviene atracarse porque cada capítulo es un puñetazo y hay que recibirlos entero, de pie, consciente. Su relato de la historia de la segunda mitad del siglo XX es profundamente desagradable, pero muy clarificador, demasiado para este mundo light. No paro de descubrir maquinaciones perversas, planes de guerra estúpidos, cínicas ventas de armas, exterminios, torturas sistemáticas, tráficos interesados y víctimas inocentes, millones que nunca supieron qué pasaba, como nosotros no sabremos hasta que pasen décadas "salvo alguna cosa". Todo dirigido por una panda de arrogantes, no más de 500 tipos en el mundo que se perpetúan como una saga. Perfecto para los ingenuos que pensaban que la última tragedia del mundo había sido la II Guerra Mundial. Últimas raciones: los 80, Líbano y Afganistán. Terrorífico.

3

   Me sorprendo. Resulta que han nombrado la palabra "asamblea" en un informativo y no la han menospreciado. Es el milagro de Burgos. Mientras hace diez días todos daban la cobertura de siempre a las reivindicaciones del barrio de Gamonal (jóvenes encapuchados cometiendo "actos vandálicos") ahora se habla del movimiento vecinal y, aunque sin apoyarla, de su reivindicación de que los detenidos en las manifestaciones no sean denunciados y queden libres de cargos. Están estupefactos. A los ojos de cualquiera, y simplificándolo mucho, ha pasado lo imprevisto y ni siquiera el poderoso aparato de los medios y los partidos se atreve ahora a ponerse en contra de los únicos que en este asunto pueden parecer "los buenos". Además, resulta que saben lo que hacen. Por eso siguen reclamando que las detenciones y las acusaciones de la policía fueron arbitrarias e injustificadas. 
   Y ahora las cámaras tendrán que seguir allí. Fueron a buscar sangre fresca y les vendieron carne cruda. Se temen algo, por ejemplo, que la política ya haya cambiado, que se haga sin ellos. Mientras, los tertulianos se asustan de que algún desesperado rompa cristales y que se siga gritando que "no nos representan". Por mucho que hubieran creído que Luis XVI estaba equivocado, que era injusto, ellos son de los que nunca habrían acompañado a las pescaderas de los mercados de París a asaltar Versalles. Diferencia.

4

   Estudio. Preparo el tema sobre la literatura realista en la segunda mitad del s. XIX. Soy tonto y me conmuevo. Encuentro fotos, por ejemplo, de las barricadas de la Comuna de París. Son tan tristes y encantadoras las caras de aquellos desharrapados que probablemente acabaron muertos. Ahí están los adoquines, las zanjas, los cristales rotos... de hace 140 años. Hoy como ayer. Pero con pañuelos de papel y pantallas, muchas pantallas. Recuerdo a mis alumnos que los revolucionarios de entonces consideraban vital que los trabajadores aprendieran a leer para poder pensar libremente. El que diga que ellos no piensan no recuerda las bobadas que hacía cuando tenía 16 años. 

Barricade Voltaire Lenoir Commune Paris 1871

5

   Pongo música. ¿Para qué servirá la música en medio de tanto asco? Pero este es un disco de Lou Reed comprado en el Village de Nueva York con la romantica idea de que eso significaría algo. Una estupidez. Pero es precioso. Definitivamente, el virtuosismo no es el mejor arte. Me quedo con la sutileza torpe de los que aún no sabían lo que hacían, los que huyeron hacia adelante creyendo que lo que tenían entre manos era bueno sin adivinar por qué.

6

   Escribo. Compongo un par de estrofas idiotas e intento corregir unos versos apurados que salieron de una mañana de hospital. No se dejan. Escribo una entrada en el blog como si se la debiera a alguien que me mira como yo. Escribo en el salón, junto a la chimenea. Me siento culpable.

   Cuando pase el temporal prepararé la tierra para plantar un árbol.

   Bonito verso este.

martes, 10 de mayo de 2011

Casi, pero no

   "No concibo mi vida más que como un encadenamiento de muertes sucesivas. Arrastro tras de mí los cadáveres de todas mis ilusiones, de todas mis vocaciones perdidas. Un abogado inconcluso, un profesor sin cátedra, un periodista mudo, un bohemio mediocre, un impresor oscuro y, casi, un escritor fracasado" (1978)
   ¿Hay este "casi" una secreta consciencia del valor de una obra que nadie pudo leer entonces? He ido dosificando la lectura de los diarios de Julio Ramón Ribeyro, publicados con el título coincidente de La tentación del fracaso, durante los últimos seis meses, pero en algún momento tenía que llegar al final. No recuerdo dónde había leído que este era un libro excepcional, pero sí que me sedujo la idea de leerlo hace ya años. A pesar de que nunca había leído un diario personal y de que los subgéneros autobiográficos nunca me han atraído.
  La experiencia, sin embargo, es inmejorable. Se trata de la "historia" de las dificultades que conlleva vivir, lo que en su caso se identifica con las dificultades para escribir, de las cuales Ribeyro ha acabado representando un paradigma: un tipo desordenado, enclenque, enfermo crónico, funcionario tardío, sin blanca y sin glamour que nunca llegó a la primera división de la literatura a pesar de haber escrito páginas imprescindibles. En su transcurso, aparecen observaciones y reflexiones muy agudas sobre estos dos temas: la literatura, siempre entendida como una opción de vida, y la vida, siempre atendida desde un punto de vista moral, pero con un propósito que nunca llega a realizarse y, por tanto, contradice su propio sentido. 

   El mecanismo del libro es sencillísimo, pero reúne varias obras en su interior: el proceso de amores de un treintañero adolescente, la novela de formación de un escritor, un relato sobre las penurias económicas y la emigración, la crónica de una enfermedad y de un par de vicios y el testimonio imprescindible de un secundario de la época del boom latinoamericano. El diario, que abarca de forma intermitente anotaciones separadas por casi treinta años, va transformándose con el paso del tiempo, de tal forma que en su segunda mitad, a partir del año 65, lo anecdótico y lo reflexivo van entrelazándose hasta dar con una manera insustituible de decir, que se va perfeccionando de forma casi imperceptible hasta para el propio autor. En ese proceso su escritura cada vez asombra e impresiona más, pues su visión de la propia vida no es nada condescendiente ni vanidosa, acercándose, sin saberlo, a su propio ideal de literatura, pues afirma que "una experiencia personal de la realidad, aquello de intrasferible y de único, es lo que da valor a un libro" (pág.448.)
   Ese valor es algo que nunca pensé encontrar fuera de la ficción (aunque fuera la de la poesía) y menos en una historia verdaderamente íntima, pues la materia del diario no va más allá. Él mismo reconoce que apenas hay hechos externos de importancia, sino que todo el texto está en función de detalles nimios y revela la pura necesidad de explicar lo que siente.
   En este sentido, en el texto hay momentos duros y hasta crueles y un sentimiento impresionante de culpa ante La Obra que nunca llega, pero predomina una sencillez encantadora. Eso sí, las curiosidades filológicas habrá que buscarlas en otros, pues esta es una obra mayor y su lectura debe dedicarse a tareas más importantes.

   Os dejo con algunos fragmentos que no me puedo resistir a copiar y que espero que sirvan para demostrar que su genialidad no se queda en un título espléndido:

Guardamos todos un libro, tal vez, un gran libro, pero que en el tumulto de nuestra vida interior rara vez emerge o tan rápidamente que no tenemos tiempo de arponearlo.
El tiempo, las lecturas, lejos de traerme certezas me han sembrado de dudas.
Seres imperfectos viviendo en un futuro imperfecto, estamos condenados a encontrar solo migajas de felicidad.
Una novela no es como una flor que crece sino como un ciprés que se talla.
Si alguien quiere honrarme cuando desaparezca que me lea o me comente. Nada de flores o discursos delante de lo que no existe.
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