Mostrando entradas con la etiqueta administración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta administración. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de febrero de 2012

Profesores interinos en Andalucía




¿Te imaginas que tuvieras que examinarte cada dos años de los contenidos de toda la carrera para demostrar que tu titulación sigue estando vigente? ¿Te imaginas que tu empresa ofertara tu puesto de trabajo y tuvieras que volver a pasar todo el proceso de selección para demostrarles otra vez, a quienes ya te tienen contratado, que sabes hacer el trabajo que llevas meses desempeñando?
Los profesores interinos andaluces no podemos más. La Junta de Andalucía nos está haciendo pasar por una situación laboral insoportable, estamos sometidos a una tensión diaria que está pasando factura a todo el colectivo.
Esta situación comenzó en el 2010, cuando la Consejería de Educación con el único apoyo de UGT aprobó un decreto, el 302/2010, mediante el cual dividía a los interinos en dos grupos: “interinos con derecho”, todos aquellos que tienen tiempo trabajado antes de junio del 2010, aunque solo sean días e “interinos sin derecho”, aquellos profesores que se incorporaron después de esa fecha.
Los interinos con derecho están ordenados en las bolsas de trabajo por tiempo de servicio como único criterio, mientras que a los interinos sin derecho nos ordenan por la nota de oposición.
Además, este decreto no valora la experiencia y sí los cursos que se pagan a los sindicatos o universidades privadas y que puedo asegurar que no valen para nada. En muchos de ellos incluso te mandan las respuestas de los cuestionarios que hay que cubrir para obtener el título.
Por culpa de este decreto, hay compañeros que perdieron su puesto en las oposiciones de 2011. La mayoría se han organizado y llevan cuatro meses encerrados en la catedral de Sevilla.

La situación actual para los interinos de secundaria es la siguiente:
  • Nos tenemos que presentar a las oposiciones de junio de 2012 y nos vemos obligados a aprobarlas de nuevo con una buena nota para no acabar en el paro. Por si alguien no lo sabe, los profesores que estamos ahora trabajando y afectados por el decreto, obtuvimos nuestro puesto aprobando las oposiciones de 2010.
  • El temario de las oposiciones de este año fue publicado hace dos meses (BOE 18/11/2011). Son unas oposiciones del Grupo A, con temarios muy amplios que ni las academias ni las editoriales tienen preparados a estas alturas.
  • Las pruebas de acceso son diferentes a las de hace dos años. Eliminatorias y con parte práctica.
  • Los profesores que llevamos menos tiempo trabajando, por lo general, tenemos sustituciones cortas. Dos o tres meses en un centro y a volver a empezar: nuevo pueblo, nuevos alumnos, nuevos niveles... Si trabajas en educación sabes lo que esto significa y si no, puedes hacerte a la idea.
  • Para colmo de males, estas oposiciones se han convertido en un arma electoral para el PPSOE en las elecciones andaluzas. Que la convocatoria esté todo los días en boca de los políticos y de los medios aumenta la ansiedad de los que tanto nos jugamos y tan pocas opciones de salir con éxito nos están dejando.
  • Los sindicatos no nos hacen ni caso. Les da igual que no podamos presentarnos a estas oposiciones en las mismas condiciones que los demás interinos, les da igual que no hayamos tenido tiempo para prepararnos, les da igual que nos vayamos a la calle porque ya vendrán otros que harán nuestro trabajo. Interinos de usar y tirar.
En fin, ya sé que en los tiempos que corren todos estamos igual de mal o peor, pero necesitaba explicar la difícil situación en la que nos encontramos los profesores en Andalucía. ¡Qué no solo en Madrid cuecen habas, coño!

lunes, 12 de septiembre de 2011

Aprender, enseñar

"La educación no consiste en llenar un cántaro sino en encender un fuego"
W. B. Yeats

   Comienza ahora mi séptimo curso como profesor. No es poco, pero conozco gente que ha dado clase durante cuarenta años. Ya es septiembre y, salvo para el protagonista de la canción de Los enemigos, todo vuelve a ponerse en marcha.
   Sin embargo, este no parece un septiembre cualquiera, ya que, al hilo de las últimas decisiones de los gobernantes, la educación está en boca de todo el mundo. Bueno, más bien su presupuesto y los profesores, porque de alumnos o pedagogía no se dice nada.
   Ante semejante situación cabe sentar unas bases y principios sobre cuál es la misión de la educación pública y en qué consiste:
  • Debe garantizar la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos, lo que supone que sea gratuita y, a la vez, obligatoria, para disminuir las diferencias de clase creadas por el sistema económico.
  • Debe impartirse en las mejores condiciones posibles (instalaciones, materiales, personal...), pues si no traicionaría el principio anteriormente expuesto.
  • Debe pretender que cada alumno desarrolle sus habilidades para desenvolverse en sociedad, su capacidad de comprender y analizar la realidad y actuar en consecuencia (saber no consiste en conocer datos, sino en pensar y tomar decisiones).
   Teniendo esto en cuenta, el trabajo de profesor exige una enorme responsabilidad porque el proceso de aprendizaje de cada alumno es complejo y heterogéneo y porque de él depende en gran medida su desarrollo personal. Además, es una labor colectiva y en continuo proceso de cambio, adaptación y actualización, lo cual la hace, si cabe, aún más interesante.
   Las decisiones políticas de los últimos años, y especialmente las de los últimos meses, contradicen estos principios y por eso el profesorado está protestando y movilizándose, ayudado por el cuestionamiento que gran parte de la sociedad está haciendo del sistema económico, social y político que nos gobierna e incluso de forma más abierta y reivindicativa de lo que pretenden los sindicatos timoratos, sobre todo UGT y CCOO, que han apoyado varias de las propuestas que han llevado a esta situación. Ellos y todos sabemos que rebajar presupuestos y personal, aumentar el número de alumnos por clase, subvencionar instituciones educativas privadas, apostar por el resultadismo académico y un triste y largo etcétera es favorecer a la élite económica, que siempre estará preocupada por lo suyo (los beneficios del capital) y no por lo nuestro, es decir, lo público.
   Ahora bien, esta traición a los principios educativos básicos debe estar apoyada por los alumnos y sus padres, pues nadie debería estar más interesado que ellos en que mejore la educación pública. La conciencia de que esta es uno de los bienes más valiosos de la sociedad debe propagarse, pues, aun con sus defectos, es imprescindible. Habrá que entender entonces que las huelgas y movilizaciones que se desarrollen no son un perjuicio, sino una lucha por reclamar lo justo y que implica a todos.
No hay revolución sin educación

domingo, 27 de marzo de 2011

Perversa administración

   Cambio el tono y la materia más frecuentes en el blog para tratar un tema particular que ha conseguido indignarme la última semana. El caso es que casi por casualidad he descubierto que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha fallado a favor de un sindicato y contra el Plan de Calidad y Mejora de los rendimientos escolares de la Consejería de Educación. Casi por casualidad, porque la noticia no aparece en ningún medio de comunicación de Andalucía, lo cual llama poderosamente la atención.
   Dicho plan consiste básicamente en convertir un complemento del sueldo de los docentes en un incentivo por objetivos evaluados en tres años: según se cumplan o no mayor porcentaje de objetivos se recibe más o menos dinero, aunque el total del incentivo en el mejor de los casos supone unos irrisorios veintitantos euros al mes. Los objetivos son indicadores estadísticos de mejora de la situación educativa de un centro: mayor porcentaje de titulados y menor de repetidores, menos incidentes disciplinarios... 
   La pretensión del plan era disimular los malos resultados del sistema educativo andaluz en el informe PISA de evaluación educativa y acercarse a los objetivos europeos de la directiva Lisboa 2010, que fracasó estrepitosamente. Su espíritu es claramente empresarial, ya que presupone que la calidad de la educación pública puede basarse en unas tasas y que la profesionalidad de los profesores debe estipularse según un índice numérico. En cuanto a lo puramente educativo, no propone nada que no esté ya recogido en la legislación. Las directivas, bajo instrucciones de las delegaciones provinciales, insistían mucho en que era un plan muy bueno para los profesores porque aumentábamos de sueldo sin hacer nada nuevo.
   Es la segunda vez que el TSJA declara ilegal el plan y por diferentes motivos: los profesores no pueden realizar el mismo trabajo en el mismo puesto pero cobrando diferente (mi caso actual); no se puede incentivar el cumplimiento de los mismos objetivos generales de la propia ley educativa, ya que son obligatorios; no lo aprueba el consejo escolar, etc.
   Sin embargo, la administración se niega a aceptar lo evidente y recurre a su vez al Supremo para ganar tiempo y modificar la legislación mientras sigue pagando religiosamente a los pocos compañeros que lo han suscrito (una cuarta parte de los institutos de secundaria). Se da, además, el caso de que las movilizaciones contra este plan hace tres años fueron las últimas que consiguieron dar cierta sensación de unidad del colectivo, sobre todo teniendo en cuenta que se manifestaron contra la administración y los dos sindicatos que pactaron el plan, UGT y CCOO.
   ¿A qué se deben esta rebeldía del gobierno y esta desinformación de los medios? ¿Es que simplemente los políticos son tremendamente cabezotas y no quieren reconocer nunca sus errores?
   Pudiera ser. Pero desde luego hay cierta perversidad en el ejercicio del poder cuando se prescinde de la opinión de los colectivos de trabajadores interesados, se recurre a los tribunales para disfrazar la dudosa legalidad de las medidas adoptadas, se gastan los escasos recursos económicos en pagos inútiles y, en resumen, se exhibe con despreocupación tanto cinismo, como el de los mismos UGT y CCOO cuando también han pactado una ordenación de las bolsas de interinos claramente discriminatoria.
   Está claro que, en la forma, discrepo con los métodos que emplea la consejería, pero que en el fondo aún estamos más alejados, pues creo que la solución para el sistema educativo no está en un aumento de sueldo ni en lustrosas estadísticas, sino en medidas menos enrevesadas y más útiles: reducción de la ratio (número de alumnos por clase), reconocimiento social de las instituciones educativas y del valor de la educación, menor temporalidad de los trabajadores y mayor interés de las familias.
   Afortunadamente no es la administración la que agradece o recompensa el trabajo realizado. En la educación los verdaderos expertos están delante de ti. Saben mucho de esto. Y agradecen.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...