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lunes, 15 de mayo de 2017

Un 15M pasado y otro por venir

En la experiencia del absurdo, el 
sufrimiento es individual. A partir
 del movimiento de la rebeldía 
cobra conciencia de ser colectivo, 
es la aventura de todos.
Albert Camus 

   ¿Es el 15M un aniversario que celebrar? Más allá de la costumbre ciertamente inútil de recordar las fechas, ¿tiene sentido?
   Yo, al menos, no puedo dejar de recordar la avenida Constitución de Sevilla abarrotada por grupos de gente que no se conocían. Y, por supuesto, las imágenes de Sol. Cómo nos enterábamos tuit a tuit de lo que ocurría aunque ningún medio estaba allí.  Solidaridad online sería, aunque ahora pueda sonar ridículo.
   A partir de ese día se pusieron muchas iniciativas a andar. Tal vez desordenadamente, pero no tanto como cabría esperar y con entusiasmo. En la plaza del Socorro de Ronda aprendimos bastantes cosas, a pesar de ser unos pocos.
   Lo recuerdo con cariño, sí, pero sé que para otros no significa tanto. Además, la nostalgia y el sentimentalismo no sirven de nada. 
    Repasando mis propias entradas con la etiqueta 15M me encontrado con la historia de estos seis años, puede que mi propia historia. Veo cuáles son los posos de aquella pequeña revolución que generó muchos movimientos, victorias mínimas e importantes.
   Pero, también, cómo las instituciones y los gobiernos se han mantenido en su puesto y han ejercido con paciencia el control necesario sin alterar apenas el plan previsto. Ese plan tan lejano que decía que la economía volvería a crecer en 2015... y que era tan cierto como engañoso, pues escondía cuánto habría que perder para volver a ganar. No eran tan tontos como parecían, ¿verdad? Aún conservan la sartén por el mango. 
   Nuestra sociedad sigue siendo injusta, tanto como el 14 de mayo de 2011, antes de que se hiciera aún más evidente y encontráramos con quién compartir la indignación. No es que haya sido un fracaso, sin embargo. Solo si asumimos las razones que este sistema nos inculca para no pensar la próxima revolución. Esa, siempre, está por venir, como en los versos de Ángel González. Mientras, recordad este cartel: "sin miedo".


martes, 13 de noviembre de 2012

No contéis conmigo

Aviso: mañana no contéis conmigo. No iré al trabajo, no daré mis clases y, por supuesto, no quedaré como un estúpido poniendo películas al tuntún a un grupo pequeñísimo de niños a los que sus padres han obligado a ir y que apenas se enteraron de qué pasaba en la calle vacía. No caeré tan bajo por 80 euros. Cualquier día los quemo. Y santas pascuas.
Pero no me quedaré en casa preparando material, corrigiendo o descansando. Hasta dejaré sin funcionar los cursos del aula virtual. Prohibido estudiar.
Perderé un dinero que nunca llegué a ganar y no me quejaré como los fariseos que se hacen los ofendidos cuando cobran como mínimo 1600 euros. Qué lejos están de la realidad a pesar de estar tratando cada día con chavales. No me puedo imaginar entonces a aquellos grandes capitalistas en sus torres de marfil o en sus hoteles de lujo en el desierto.
No cobraré porque dedicaré el día a otras cosas, principalmente a una: a hacer más fácil la huelga de los demás. Adiós a la tele y a la radio y al súper y a la panadería y a la gasolinera y al estanco y a las tiendas... Los cajeros automáticos y los autobuses pueden esperarme en vano. Igual los camareros. Son muy amables pero ya los veré otro día. El vino no se acaba fácilmente.
Puede que parezca niñería o patochada, pero aún me anima saber que se puede parar y ralentizar la maquinaria perfecta de este reloj universal a punto de estallar.
Les jode. También lo sé, aunque tal vez no tanto como debería si entendieran la verdadera magnitud que supone un quinto, un cuarto o un tercio de los trabajadores que dejan de hacer aquello por lo que les pagan, que suspenden al menos una de las funciones de la farsa.
Será nostálgico pero aún me parece hermoso: dejar de hacer aquello por lo que te pagan. Ahí se queda sin hacer, sin colocar, sin conectar.
Sé también que un día es poco, que si fueran más el asunto cambiaría. No me conformo, pero al menos este día no contéis conmigo. Si os atrevéis, llamad a los tibios. Si no los reconocéis, Pepe Hierro os los señala:
LOS TIBIOS
Lo teníais todo: las almas
Sin dolor, la vida apacible.
Alrededor, los huracanes
Os sabían inconmovibles.
Como torres, os levantabais.
Como chopos de hondas raíces,
Como viejas sabidurías
Que iluminaban los confines.
Aves fuertes de altanería.
Aguiluchos de vuelo firme.
Os despegasteis de la tierra,
Volasteis por los cielos grises.
No llorasteis con los que lloran,
Ni cantasteis con los que cantan,
Ni reísteis con los que ríen.
Nos dejasteis, de cara al cielo,
Frente al signo de lo imposible. [...]

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Las cartas sobre la mesa

   La manifestación que tuvo lugar ayer en el centro de Madrid y la represión policial que quiso dispersarla han vuelto a hacer evidentes cuáles son las circunstancias en que vivimos. Han vuelto, digo, porque ayer realmente no pasó nada nuevo ni averiguamos nada que no conciéramos, salvo el nivel de violencia que el poder está dispuesto a emplear. Visibles, digo, porque las imágenes han llegado a muchos más que las palabras que tanto leemos y escribimos. Para bien y para mal. Así que creo que es buen momento para poner en claro cuál es la situación. Así todos sabrán a qué atenerse y nadie podrá llamarse a engaño.
   Por si alguien lo dudaba, la policía se encargó de recordar que puede atizar aún más porrazos de los que daba e ir mucho más allá de la "fuerza mínima necesaria" del reglamento. Su actuación fue desmedida y escandalosa pero, y esto creo que es importante, sin ningún pudor. Ya admiten que no se identifican aunque sea ilegal, que utilizan infiltrados para provocar actos violentos que excusen las cargas y que pegan porque es jodido que te insulten. Es decir, que vale atizar por la espalda y en el suelo, identificar arbitrariamente, hacer la vida imposible a los periodistas, disparar (balas de goma, de momento) a discreción incluso en una estación de tren, acusar en falso y de delitos muy graves (sedición, traición, conspiración, desacato...) a gente que simplemente se reúne en la calle. Buena muestra de ello hay en los vídeos que se han subido a la red.
   Si lo hacen es porque se lo indican y/o se lo permiten sus jefes, que ahora se jactan, sin rubor ninguno, de que es así como se actúa contra quienes atacan el sistema, aunque su ataque sea de consignas y pancartas. Jefes que tienen una consigna muy clara: amedrentar a quienes pretendan saltarse tanta norma injusta ocupando solares vacíos o que nunca se venderán, reuniéndose en la calle para hacer política, molestando en los controles racistas. Están dejando claro que molestan porque temen que el movimiento social se amplíe, aunque (y esta parece también una consigna muy clara) ejercen una presión brutal sobre Madrid, apenas en las provincias.
   También se acabó el disimulo del gobierno y los cargos políticos, que presumen de actuar según el deber supremo que les marca un ser superior (a veces UE, FMI, BCE, BM y cuantas siglas se quieran). Así que no tienen más remedio que hacer lo que hacen aunque no sepan para qué o vislumbren que aun así no van a mejorar nada. Hasta reconocen lo injusto de sus leyes, las vigentes y las por venir, mientras repiten como un mantra Y si no te gusta, vota dentro de unos años a los otros para que hagan lo mismo. No hace falta argumentar cuánto se parece al Antiguo Régimen.
   Por supuesto, este despotismo implica que las reivindicaciones de cualquier manifestación, protesta o huelga nunca van a ser atendidas, pues cualquier modificación del sistema desde fuera del sistema es considerada un ataque a la democracia. Ni las dos últimas huelgas indefinidas (la minería en ámbito estatal y la educación en Madrid) han conseguido que los gobiernos correspondientes se retracten. Solo ellos, los altos dignatarios de los partidos, reunidos con los grandes empresarios, pueden hacerlo. Eso sí, bajo la premisa de no tocar la estructura de reparto y acumulación del capital.
   Hablando de manifestaciones, hay que reconocer que sigue teniendo un gran valor que grupos pequeños nacidos del 15M sean capaces de convocar a miles de personas sin medios ni carteles ni banderas ni ninguna parafernalia de la que hacen gala partidos y sindicatos subvencionados. Llevan muchos meses trabajando en la calle al margen de cualquier institución u organismo, comiéndose la cabeza y organizando la base de una sociedad que no existía. Aunque sepan que nunca será suficiente y sigan sufriendo desalojos, detenciones y la manipulación de los medios de comunicación. El desencanto los acecha constantemente, pero siguen.
Policías guardando un congreso que nunca fue asaltado. Más fotos aquí.
   Porque, de todas formas, uno de los grandes misterios del prominente estado llamado España es cómo es posible que con los niveles de paro y empobrecimiento actuales no se produzca un movimiento verdaderamente masivo, de millones, que pueda forzar un cambio. Es duro admitirlo, pero la última (o más bien la única) vez que ocurrió algo así fue en 1931. Los estamentos de poder lo tuvieron que solventar con una guerra, pero desde entonces... Desde entonces, nada. Se marchó contra la OTAN y llegó, contra la guerra de Irak y se hizo, contra la reconversión y...
   Tampoco es fácil de entender que la clase low cost (antes conocida como "media") aún no se haya dado cuenta de que el país está arruinado definitivamente y que la deuda de un estado o la pagan ellos o no la paga nadie (opción que aterroriza a los titiriteros del tinglado mundial). No hace falta ser economista para darse cuenta de que si el estado va a gastarse el año que viene 38000 millones de euros para pagar la deuda y sigue pidiendo prestado o rescatado la bola de nieve no va a hacer más que crecer. Que nadie piense que esto se acabará, pues los especuladores ya no pueden negociar con otra cosa que no sea la propia deuda. Siempre fue un círculo vicioso que nadie en el poder se atreve a romper. Van a hinchar el globo hasta que explote otra vez y así sucesivamente...
   Porque el capitalismo ha dejado de disfrazarse. O qué pensaban ¿que alguna vez intentó ser justo, equitativo...? ¡Paparruchas! Quien lo dude puede consultar alguno de los blogs sobre economía de la columna derecha.
   No quiero extenderme más. El desastre es más que evidente y tiene inmensas proporciones. Afecta a los derechos ciudadanos, los servicios públicos, el reparto de la riqueza, la libertad de expresión... Cada uno ha de saber, pues, dónde situarse. Puede decidir seguirle el juego a los propietarios del capital y sus representantes políticos. O no.
   En este sentido, el pliego de condiciones de las manifestaciones de ayer me parece lo suficientemente escueto y contundente: dimisión, convocatoria de elecciones constituyentes y auditoría de la deuda. A estas alturas no se puede pedir menos. Esa es la baza que merece jugarse.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Jugársela o...

"Nadie es tan esclavo como quien se cree libre sin serlo", 
 J. W. Göethe

   "Que se lixe a troika, queremos as nossas vidas" (a la mierda la troika, queremos nuestras vidas) fue el lema de las movilizaciones de ayer en Portugal. Claro que es mucho más políticamente incorrecto de lo que se podría esperar en este país tan aborregado. ¿Por qué? Probablemente porque los portugueses acaban de comprender a quién se enfrentan; ya han apuntado al enemigo, como pasó en Grecia. 

Basta de roubar o povo!
     Por el contrario en España aún no se tiene claro. No hay más que comparar aquel con el lema de la manifestación de Madrid: "¡Vamos! Quieren arruinar el país. ¡Hay que impedirlo!". Más allá de la odiosa sintaxis de este segundo, la diferente intención de los convocantes y de la mayoría de los participantes en cada una resulta patente: mientras el portugués se dirige a quienes controlan efectivamente su economía y, en consecuencia, gobiernan injusta e ilegítimamente, el de los sindicatos timoratos de España parece sacado de un libro de autoayuda. Lo mismo se puede decir de la única reivindicación: que el gobierno convoque un referéndum ¡para que se voten las leyes que ellos mismos han aprobado ya con su mayoría en el congreso! ¿De verdad puede haber un mayor disparate? Además de que el referéndum en cuestión nunca se daría, ¿no es una forma pacata de legitimar a la aristocracia política?
   El resultado de la manifestación, aunque sin carga policial, se acercó mucho al de la que apoyó la huelga de la minería el 11 de julio: envío de autobuses más o menos subvencionados, gritos y discursos protocolarios, mercadotecnia sindical y puntualidad británica a la hora de disolverse, de tal forma que quienes se unieron a la protesta en el llamado "bloque antideuda" (asambleas de barrio, sindicatos no subvencionados y otros colectivos) asistieron, otra vez perplejos, a un verdadero paripé de protesta, como refleja Enrique Flores en sus anotaciones.
   La verdad es que hace un año no parecía tan difícil de asumir una explicación coherente de la situación que provocara una verdadera movilización masiva y, al menos, pusiera en dificultades al gobierno, la UE y su maraña de instituciones y la clase alta. Podía suponerse que a estas alturas estaba claro que los partidos políticos mayoritarios estarían completamente deslegitimados, al igual que los sindicatos que no defendieron a los trabajadores; que la gente comprendería que no había que seguirles el juego a los poderosos, que el sistema capitalista había fracasado estrepitosamente y que, para solucionarlo, había que darle a todo una vuelta como de calcetín.
   Pero, sin embargo, no está pasando nada, como recordé en una entrada anterior: el gobierno cada vez toma medidas más injustas a favor de los dueños del capital y la inexistente clase media es más low cost que nunca y aún suspira "virgencita, virgencita...". El único acto de rebeldía ha sido comprar menos porque... no se puede, mientras el ensayo de sociedad que quería tender a la igualdad, la justicia, etc., se va deshaciendo como la capa de hielo del océano ártico.
   No quiero decir que nadie esté haciendo nada, solo que son pocos, muy pocos quienes verdaderamente están dando guerra a los dirigentes del desastre: hay unos miles de personas en un país de 45 millones que han propuesto movilizaciones mucho más reivindicativas y exigentes (las acampadas, manifestaciones no autorizadas, la próxima iniciativa de "Rodea el Congreso"...), han denunciado controles policiales, impedido desahucios...
   Lo suyo les cuesta, pues ha habido cientos de detenciones y miles de identificaciones y multas desde la primavera pasada, las últimas el sábado y precisamente bajo la consigna de eliminar cualquier referencia a la movilización del 25S, que es la que verdaderamente preocupa a los poderosos y su policía (incluso han identificado a los participantes en la asamblea que la organiza como posibles conspiradores sediciosos). Se la están jugando y, sin embargo, nadie parece entenderlo, tal es la falta de solidaridad.
   Y, de forma muy valiente, unos profesores madrileños se han atrevido a convocar una huelga indefinida sin el apoyo de la corte sindical (UGT, CCOO, STEM, ANPE, etc.) porque saben que con sus métodos no se consigue nada. Hoy no van a empezar el curso en secundaria. Y si estos profesores fueran suficientes, el caos y la presión serían tales que la Comunidad de Madrid tendría obligatoriamente que reconsiderar la situación y retroceder en sus propósitos.
   Este es el ejemplo. O nos la jugamos de alguna manera o puede darse todo por perdido. Lo siento si duele, pero veo mucha más gente resignada que rebelde y muy poca conciencia de la gravedad de lo que está sucediendo. 
   Ojalá las próximas movilizaciones funcionen, reúnan a tantos como para que el resto se replantee su actitud y sirvan de ayuda a otras por venir. Ojalá la huelga que empieza hoy, aunque ignorada por los medios, empiece a cambiar mentalidades asustadas. Ojalá no se recuerden estos años por la desaparición de la solidaridad y la capa de hielo del Ártico. Ojalá, porque no tengo nada claro que escribir esto sea hacer verdaderamente lo que es necesario.

sábado, 12 de mayo de 2012

Tomar Madrid

"O povo é quem mais ordena
dentro de ti, ó cidade"
Zeca Afonso
   No solo en términos estratégicos, sino también simbólicos, Madrid ha adquirido una importancia fundamental. Lo ha hecho varias veces en la historia y lo está haciendo ahora. Lo fue el dos de mayo, lo fue en la guerra. En los últimos años, baste recordar, se ha convertido en el símbolo de las infraestructuras modernas construidas a base de deudas enormes, en símbolo de la especulación inmobiliaria y del suelo, en símbolo del aumento de la inmigración (tanto del extranjero como de provincias), de la contaminación desmedida, de la corrupción, de la riqueza, la pobreza, la ostentación, la necesidad.
   Además de ser la mayor ciudad del país, es la ciudad de las élites política, cultural, mediática... Luego todo lo que sucede en ella obtiene una mayor repercusión. Por eso los acontecimientos de hace un año, sobre todo la toma de la plaza de Sol, supusieron un logro fundamental: la visibilidad del trabajo de los colectivos que luchan contra la injusticia, la posibilidad de coordinarlos y la concienciación de una buena porción de ciudadanos que, a pesar de sentirse engañados y ofendidos, no habían buscado o encontrado una forma de rebelión. Lo sucedido en otros lugares no habría sido suficiente.
   Lo que ha ocurrido desde entonces vuelve a subrayar la importancia de lo que sucede en la capital. El poder, sorprendido por la reacción del pueblo, ha ido tomando medidas cada vez más injustas, violentas y denigrantes. La policía se ha lanzado masivamente a aumentar las detenciones, ha extendido su mala costumbre de acusar en falso, ha multiplicado las redadas racistas. Los gobiernos, a su vez, han ninguneado a la población, legislando contra sus programas, protegiendo a las élites, recalificando derechos fundamentales, escamoteando servicios. 
   Todo ello, claro, sobre todo en Madrid, dirigido desde allí, porque piensan que combatiendo a las asambleas populares y a los grupos de acción constituidos, el resto no sobrevivirá. Su estrategia es clara y por eso están atacando como en ninguna otra parte a los ciudadanos. Quieren cortar de raíz cualquier intento de revertir o transformar el sistema. No soportarían perder el laboratorio de sus experimentos, su estandarte.
   Esta es una lucha, cada vez menos disimulada, de quienes detentan el poder en el sistema económico, político y social contra quienes exigen justicia e igualdad. Y Madrid es su centro. Hace tiempo que dejó de ser una cuestión de simpatía. Importa, y mucho, tomar Madrid; reclamarlo para quien vive allí, pero también para los que no, pues lo que pase estos días nos implica a todos.
   Gente de Madrid, gracias por el esfuerzo enorme que habéis hecho y haréis durante este tiempo. El resto también pondrá de su parte, pero, cuidado, que acaba de empezar.


martes, 24 de abril de 2012

Incorrección

   Sí, amigos, sí. La literatura, la política y otros muchos espacios dejaron hace tiempo de estar ocupados por la aristocracia. Pero esto no quiere decir que las cosas hayan ido a mejor. Ahora los responsables son los pequeños burgueses, tal vez la peor subespecie humana. Se han creído coronados como nueva nobleza, pero, evidentemente, no han entendido nada. A esto se dedican. Y a "tragar cantidades de saliva".
   Parra lo sabe. Hace mucho. Por ello resulta tan irónico que hoy el coronado sea él. Y aún más que lo sea en un acto (la entrega del Cervantes) hecho por y para pequeños burgueses, aquellos para los que la incorrección es odiosa (a menos que algún mecanismo permita convertirla en cool y, por tanto, desmontarla). 
   Pero no será así. Es triste ver a tanto cabeza hueca bien vestido elogiando versos que no entiende. Porque si alguna vez se hubieran acercado a su significado, no les habría quedado otra que sonrojarse o salir corriendo. Porque no saben lo que hay debajo.
   Se debe haber reído bastante el viejo con todo esto y una botella de vino, pues ya decía sobre las condecoraciones:

La fortuna no ama a quien la ama:
Esta pequeña hoja de laurel
Ha llegado con años de retraso.
Cuando yo la quería
Para hacerme querer
Por una dama de labios morados
Me fue negada una y otra vez
Y me la dan ahora que estoy viejo.
Ahora que no me sirve de nada.

 Ahora que no me sirve de nada.
Me la arrojan al rostro
Casi
        como
                 una
                        palada
                                   de
                                        tierra...

   Porque la obra de Nicanor Parra, aunque muchos quisieran,  no se puede enterrar. Su vigencia mueve más allá de la rabia, condena a los complacientes. Y si no, comprobad: 

Actuamos como ratas
en circunstancias de que somos dioses
bastaría con abrir un poco las alas
y pareceríamos seres humanos
pero preferimos andar a la rastra

Al parecer no tenemos remedio
Fuimos engendrados y paridos por tigres
Pero nos comportamos como gatos.
 
    Ellos no lo entenderán. A Parra nunca le bastó ser incorrecto. El tajo es más profundo. Mientras, así acabará este pequeño homenaje, como todos:


martes, 1 de febrero de 2011

Ciudadanos con correa

   Durante el mes de noviembre leí una novela japonesa cuya recomendación me sorprendió no recuerdo dónde. Se titula Kanikosen. El pesquero, de Takiji Kobayashi, y narra la desgraciada vida de los empleados en un barco que faena frente a las costas de Kamchatka durante los años 20. Fundamentalmente me llaman la atención dos cosas:
  • En cuanto a la ambientación: resulta que el Japón modélico que se vende desde la revolución Meiji, el país asiático ejemplar que se modernizó antes que ninguno, lo hizo a sangre y fuego, como China ahora o Inglaterra a principios del s. XIX. Las condiciones de trabajo descritas son absolutamente esclavistas y denigrantes.
  • En cuanto a la trama: los pescadores soportan humillaciones, golpes, enfermedades, horarios imposibles... durante semanas antes de preguntarse cómo podrían cambiar sus condiciones. A pesar de que no tienen nada que perder solo intentan una primera huelga a mitad de la novela, que es sofocada violentamente gracias a que el ejército patrullaba por esas aguas para que no hubiera levantamientos rojos (no diré qué pasa más adelante).
  Ambos aspectos suscitan preguntas incómodas: ¿es que no es posible el progreso técnico o económico sin explotación de los trabajadores? Adaptándolo a la actualidad tendríamos innumerables ejemplos de trabajadores explotados para rebajar costes y que cualquier papanatas del primer mundo se sienta mejor porque puede comprar cualquier bobada por unos eurillos (o menos). 
   La segunda pregunta incómoda estaría relacionada con la misma condición humana: ¿por qué los dominados son tan dóciles? ¿tanto puede el miedo a perder lo poco que se tiene? 
   Terreno para reflexionar: la crisis está siendo soportada en países como España, Portugal o Irlanda sin apenas un puñetero incidente en los puestos de trabajos, contra los patrones, el gobierno o el poder financiero en tres años, incluso después de varios duros golpes legislativos; los medios destacan de las huelgas cada minúscula alteración de la vida normal y de las "revueltas" en el Norte de África que los turistas no pueden salir del hotel; tampoco mencionan la inmoralidad (el único aspecto verdaderamente interesante) de la corrupción política y el enriquecimiento de las grandes empresas; por último, ¿cómo habrán vivido los ciudadanos de Túnez o Egipto durante estos años para dejar de ser tan dóciles? ¿Qué les habrán hecho para cabrearse tanto (pacíficamente, por supuesto)? Y aún más importante: ¿por qué no nos hemos enterado?

¿De verdad?

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