martes, 17 de abril de 2012

Los profesores que querría tener estarán en paro

A Silvia, Juan, Felipe... y todos los que 
merecen un puesto de trabajo 

 Pasado, presente... 

   He tenido la suerte de conocer dos sistemas educativos de secundaria en un periodo de tiempo relativamente corto: acabé COU en 1996 y en 2005 empecé a dar clases como profesor sustituto. Puedo, por tanto, comparar ambos sistemas: el de la ley de 1970 y la LOE (teniendo en cuenta diversas modificaciones desde los 90); así como los recursos, el personal, las condiciones de los alumnos, los agrupamientos... Puedo asegurar, por propia experiencia y teniendo en cuenta todas las que he conocido hasta ahora, que la educación ha mejorado mucho desde entonces. A pesar de que, desde luego, aún está todo por hacer, como no puede ser de otra manera.
   Y eso que, si tenemos en cuenta el presupuesto dedicado a educación en España, en torno a un 4,5% del PIB, más de un 1% por debajo de Argentina, México, Estados Unidos, Francia, Senegal, Finlandia o Marruecos, una cantidad parecida a la que destinan Portugal o Serbia y un 3% menos que Islandia. La conclusión es clara: la educación le sale relativamente barata a la administración, una quinta parte más que a la mayoría de países similares. 
   Y, sin embargo, importa mucho crear la conciencia de que no es así y ocultar con la estadística del fracaso escolar (cuyo porcentaje estaba por fin empezando a bajar) los logros significativos y aún insuficientes de las últimas dos décadas: escolarización del 100% hasta los 16 años, reducción de alumnos por aula, atención a la diversidad (adaptaciones curriculares, diversificación...), medidas de refuerzo, implantación de bibliotecas escolares, utilización de recursos informáticos (webs, aulas virtuales, blogs, sistemas operativos, programas, internet, pizarras digitales...), formación del profesorado... Y todo por un módico precio.
   Es evidente, pues, que el sistema educativo ha cambiado bajo la intención de servir para el progreso de la sociedad. Y en parte lo ha conseguido. Con aciertos. Con errores. 

...y futuro
 
   Pero hay un problema: se avecina un nuevo cambio que no va a ser para mejor. Sus artífices, simplemente, lo reconocen, lo justifican e incluso un círculo de sabios prominentes vaticina que los cambios no empeorarán la educación. Contra toda lógica académica aseguran que el aumento del número de alumnos por grupo o del número de horas de clase impartidas no perjudica el proceso de enseñanza y aprendizaje. Claro que la enseñanza privada y concertada, una por definición y la otra por falta de exigencia de las administraciones, tienen trabajadores en peores condiciones y un porcentaje mucho menor de casos que necesitan atención más individualizada (dificultades de aprendizaje, emigrantes...)
   Pensemos un momento y preguntémonos. ¿Se atreverían a decir lo mismo de un médico? ¿De verdad se puede atender igual en el mismo espacio y tiempo a 25 personas que a 35? ¿Se puede recibir e informar correctamente a sus familias? ¿Pueden realizarse en las mismas 7 horas y media semanales las tareas correspondientes a un mayor número de clases? ¿Los profesores dan con la misma solvencia asignaturas que no son de su especialidad? ¿Se prepararán materiales y recursos educativos nuevos? ¿Se organizarán excursiones, visitas, conciertos, recitales, concursos o representaciones? ¿Se "socializarán" mejor los alumnos en aulas llenas, que ya tenían problemas de espacio para 30 personas? Una lista más detallada de las consecuencias de las políticas que el gobierno quiere implantar están en esta lista.
   No quiero idealizar la situación, pues en la enseñanza nunca se puede estar satisfecho. Una de las muchas peculiaridades de este trabajo es esta: siempre se puede mejorar; nunca sirve lo que ya está hecho; cada clase es diferente; cada grupo, distinto. 
   Pero sé que no tengo nada que reprochar a la gran mayoría de mis compañeros. Llevo viéndolos trabajar durante más de siete años y os aseguro que se esfuerzan: buscan libros, textos, vídeos; hablan con las familias de sus alumnos; intentan comprenderlos y ayudarles; los llevan a exposiciones y teatros; se preocupan por sus problemas; procuran ser justos, pero comprensivos; organizan concursos, conferencias, viajes, conciertos...; llegan a asumir tareas y papeles para los que nunca los formaron.
   Sé que no lo hacen todo bien. No siempre se movilizan. A veces fallan. Quién no.
   Sé que sus clases son mejores que las que yo recibí. Me gustaría que hubieran sido mis profesores porque habría aprendido mucho más con ellos. Es muy triste que muchos se vayan a quedar en paro. No se lo merecen. Es claramente injusto, habida cuenta que el número de alumnos en el sistema no bajará y serán atendidos en peores condiciones. Pero el resto intentará hacerlo lo mejor posible. Como siempre. Y luchará por ellos y sus alumnos. No lo dudo.

Viñeta de Sansón: http://blogs.elnortedecastilla.es/rafavega/

miércoles, 28 de marzo de 2012

Es el momento

   Cierta pardoja de la lengua inglesa hace que se use la misma palabra para expresar el tiempo como transcurso o como instante. Sin embargo, no es tan descabellado. Al fin y al cabo, a partir de instantes se conforma la historia.
   El 29 de marzo es uno de estos momentos, ahora mismo el momento más importante. Más allá de las cuestiones dudosas que puedan surgir sobre los sindicatos subvencionados, la huelga sigue siendo el arma reivindicativa básica de quien trabaja. No hay otra. Parar las máquinas es la única manera de oponerse a los patronos y al mayor de todos ellos, el estado.
   La clase privilegiada, la burguesía financiera, tiene claro que la gente debe trabajar más, cobrar menos (y, por tanto, generar más paro), perder libertad y derechos y acomodarse en su lugar al fondo de la pirámide. Están en contra del derecho de huelga, del subsidio de paro, de la pensión suficiente, de la renta básica, de las ayudas por renta, la educación y sanidad públicas... Si cualquiera de estas cosas te importa algo, es el momento. 
   La opción, para ellos, nunca será redistribuir la riqueza. Valgan como ejemplo las palabras ofensivas y denigrantes de los dirigentes de la CEOE y el Banco de España. Su postura está clara. ¿Y la tuya?
  
   Recuerda:

   No boicotees la huelga de los demás.
   No hagas compras.
   Reivindica lo que es justo (para ti y para los demás).
   Toma la calle.

   Es el momento.

   Me permito incluir aquí una traducción de la canción de Lou Reed a la que estaba aludiendo. Es básica, rasgada, dura, hermosa. Y, por supuesto, la mía no es más que una interpretación.


No es momento para estrechar
las manos ni celebrar.
No es momento para aplaudir
a la banda municipal.

No es momento para el optimismo
ni momento de dilucidar
si mi país está bien o mal.
Recuerda lo que ha pasado.

No queda tiempo.
No queda tiempo.
No queda tiempo.
No queda tiempo.

No es hora de dar la espalda.
No es hora de felicitar.
Ni de andarse por las ramas
o ponerse a recitar.

No es momento para beneficios
ni mandarte comer y callar.
Tampoco para santiguarse;
no volverá a ser así jamás.

No queda tiempo.
No queda tiempo.
No queda tiempo.
No queda tiempo.

No es momento de olvidar el odio
ni para contener la ira.
No es momento para ser frívolo
porque el tiempo no se estira.

No es momento para la venganza
ni para averiguar quién eres.
Es peligrosa la libertad
de quien llega a conocerse.

No es hora de ignorar alarmas.
No es  hora de lavar los platos.
No pidamos perdón después.
Destino es cambiar el pasado.

No queda tiempo.
No queda tiempo.
No queda tiempo.
No queda tiempo.

No es momento de darse la vuelta,
tomar copas o pillar crack.
Va siendo hora de unir fuerzas,
apuntar y disparar.

No es hora de recibimientos
o de poner banderitas.
No es tiempo de "ser o no ser"
porque el futuro está al caer.

No es momento para la retórica.
No es momento para los discursos.
Es momento para la acción,
porque el futuro ya llegó...

Es el momento.
Es el momento.
Es el momento
porque no queda tiempo.

sábado, 24 de marzo de 2012

Los viajes en el tiempo del señor Galdós

   ¿Por qué me pasarán siempre este tipo de cosas? Uno se pone a leer tranquilamente un rato una tarde cualquiera y... zas, se topa con ciertas palabras que parecen escritas a la medida del momento. Por un instante da la sensación de que tuvo que intervenir alguna instancia metafísica, incorpórea o divina en semejante revelación. Pero no, ya sabemos que el mundo es prosaico por muchas vueltas que le demos a los versos y que el azar es cabezota pero solo eso: azar, bonito nombre.
   Así que ahí van las susodichas, encontradas en el capítulo I de La fontana de oro, de Galdós (obviamente, la negrita es mía):
   Durante los seis inolvidables años que mediaron entre 1814 y 1820, la villa de Madrid presenció muchos festejos oficiales con motivo de ciertos sucesos declarados faustos en la Gaceta de entonces. Se alzaban arcos de triunfo, se tendían colgaduras de damasco, salían a la calle las comunidades y cofradías con sus pendones al frente, y en todas las esquinas se ponían escudos y tarjetones, donde el poeta Arriaza estampaba sus pobres versos de circunstancias. En aquellas fiestas, el pueblo no se manifestaba sino como un convidado más, añadido a la lista de alcaldes, funcionarios, gentiles-hombres, frailes y generales; no era otra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas y señaladas en los artículos del programa, y desempeñaba como tal el papel que la etiqueta le prescribía.
   Las cosas pasaron de distinta manera en el período del 20 al 23, en que ocurrieron los sucesos que aquí referimos. Entonces la ceremonia no existía, el pueblo se manifestaba diariamente sin previa designación de puestos impresa en la Gaceta; y sin necesidad de arcos, ni oriflamas, ni banderas, ni escudos, ponía en movimiento a la villa entera; hacía de sus calles un gran teatro de inmenso regocijo o ruidosa locura; turbaba con un solo grito la calma de aquel que se llamó el Deseado por una burla de la historia, y solía agruparse con sordo rumor junto a las puertas de Palacio, de la casa de Villa o de la iglesia de Doña María de Aragón, donde las Cortes estaban.
   Más allá de elucubraciones estériles sobre el intertexto, ¿no es impresionante que, tal y como quise hacer ver en la entrada anterior, sintamos décadas después la misma rabia o rebeldía?
   Ya se sabe que la historia, de alguna manera, anda repitiéndose, pero por alguna razón (tal vez cierta inclinación sentimental) me emocionan estas correspondencias con el pasado y con las ocurrencias de gente que se supone tan distante, habida cuenta de lo mucho que hemos cambiado desde entonces (o eso nos han dicho).
   Los hechos históricos o novelescos contados en este libro, se refieren a uno de los períodos de turbación política y social más graves e interesantes en la gran época de reorganización [...]. Mucho después de escrito este libro [...] me ha parecido de alguna oportunidad en los días que atravesamos, por la relación que pudiera encontrarse entre muchos sucesos aquí referidos y algo de lo que aquí pasa; relación nacida, sin duda, de la semejanza que la crisis actual tiene con el memorable período de 1820-23.
   Esto dice Galdós en el prólogo de 1870, mientras se preparaba la llegada de la I República, refiriéndose al escaso periodo de vigencia de la Pepa (bicentenaria esta semana, ¿otra casualidad?). Y, salvando las distancias gracias a nuestra indomable inteligencia, ¿no será que volvemos a estar en las mismas?

¿Las dos caras de la moneda?

   Ejercicio: 
  1. Reescriba el segundo párrafo de la primera cita adaptando los nombres del rey, el periódico y algunos elementos ornamentales.
  2. Relea el resultado con suspicacia.
  3. Rodee las semejanzas entre ambas imágenes.
  4. Sonría /suspire.
  

martes, 20 de marzo de 2012

¿Te suena?

   Piensa en un lugar en el que los políticos corruptos obedecen a los intereses de quienes les han promovido en su puesto o quienes se lo garantizarán después con la promesa de no ser juzgados o, en el peor de los casos, eludir sentencias condenatorias; en el que la pobreza se extiende rápidamente y las vacas empiezan a pasar hambre aunque solo sea por solidaridad; en el que el trabajo es, en lugar de un derecho, una obligación económica, un motivo de explotación y un imposible práctico; en el que los patronos (aka empresarios, aka emprendedores) coaccionan a sus trabajadores; en el que la justicia es arbitraria y paradójica, tanto que llegará a sobreseer su propio caso; en el que se premia al adulador y se margina al crítico, se esconde la verdad y se levantan impresionantes trampantojos que disimulen los destrozos en la fachada y la estructura del edificio en el que aún malvives; en el que la mayor tarea de un enorme dispositivo de instituciones, empresas, grupos, partidos y sindicatos es que no tomes conciencia de la situación real; en el que la información es mayoritariamente propaganda; en el que (last but not least) todos estos comportamientos no conllevan ningún tipo de reproche, condena, castigo. Más bien al revés. Incluso aunque haya muchos papeles escritos que dicen que esto no debería ser así. Será que a alguien se le derramó el café encima de ellos y ahora justo no se pueden consultar.
   ¿Te suena?
   Espera, no te oigo bien.
   O sea que sí, que mucho. Ah, que se te parece mucho a lo que pasa aquí.
   ¿Seguro? Piénsalo, que luego te podemos acusar de demagogia. Al fin y al cabo esto es un país civilizado.
   ¿Cómo que es aún peor? ¿Que viene de lejos? ¿Que crees haberlo leído en algún sitio? 
   Bueno, hay muchos...
   ¿Que se te parece a la historia de un libro viejo que leíste en COU? ¿Luces de qué?
   Ah, Luces de bohemia. Sí, el escenario de aquella historia no podía ser más decadente: un país empobrecido, cutre, plagado de injusticias.
   O sea, que según dices si cogiéramos cualquiera de sus escenas podríamos buscarle un paralelo con la situación actual. Pero hace casi cien años.
    Ya, el ministro corrupto, los enchufes en los cargos de la administración, la insolidaridad, la violencia policial, la persecución política, detenciones ilegales...
   Sí, es muy triste. ¿Y este mismo fin de semana? ¿En Madrid? 
   Había oído que llevaban tiempo haciéndolo.
   Vamos, como en aquella escena...
   Sí, es muy emocionante... y terrible.
   Sí, fue una de las que añadió Valle-Inclán en la segunda versión.
   ¿Que por qué? No sé, se daría cuenta de algo...  


El calabozo. Sótano mal alumbrado por una candileja. En la sombra se mueve el bulto de un hombre. Blusa, tapabocas y alpargatas. Pasea hablando solo. Repentinamente se abre la puerta. MAX ESTRELLA, empujado y trompicando, rueda al fondo del calabozo. Se cierra de golpe la puerta.

MAX: ¡Canallasl. ¡Asalariados! ¡Cobardes!
VOZ FUERA: ¡Aún vas a llevar mancuerna!
MAX: ¡Esbirro!

Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.

EL PRESO: ¡Buenas noches!
MAX: ¿No estoy solo?
EL PRESO: Así parece.
MAX: ¿Quién eres, compañero?
EL PRESO: Un paria.
MAX: ¿Catalán?
EL PRESO: De todas partes.
MAX: ¡Paria!... Solamente los obreros catalanes aguijan su rebeldía con ese denigrante epíteto. Paria, en bocas como la tuya, es una espuela. Pronto llegará vuestra hora.
EL PRESO: Tiene usted luces que no todos tienen. Barcelona alimenta una hoguera de odio, soy obrero barcelonés, y a orgullo lo tengo.
MAX: ¿Eres anarquista?
EL PRESO: Soy lo que me han hecho las Leyes.
MAX: Pertenecemos a la misma Iglesia.
EL PRESO: Usted lleva chalina.
MAX: ¡El dogal de la más horrible servidumbre! Me lo arrancaré, para que hablemos.
EL PRESO: Usted no es proletario.
MAX: Yo soy el dolor de un mal sueño.
EL PRESO: Parece usted hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos.
MAX: Yo soy un poeta ciego.
EL PRESO: ¡No es pequeña desgracia!... En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.
MAX: Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.
EL PRESO: No basta. El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza, como en Rusia. No es suficiente la degollación de todos los ricos. Siempre aparecerá un heredero, y aun cuando se suprima la herencia, no podrá evitarse que los despojados conspiren para recobrarla. Hay que hacer imposible el orden anterior, y eso sólo se consigue destruyendo la riqueza. Barcelona industrial tiene que hundirse para renacer de sus escombros con otro concepto de la propiedad y del trabajo. En Europa, el patrono de más negra entraña es el catalán, y no digo del mundo porque existen las Colonias Españolas de América. ¡Barcelona solamente se salva pereciendo!
MAX: ¡Barcelona es cara a mi corazón!
EL PRESO: ¡Yo también la recuerdo!
MAX: Yo le debo los únicos goces en la lobreguez de mi ceguera. Todos los días, un patrono muerto, algunas veces, dos... Eso consuela.
EL PRESO: No cuenta usted los obreros que caen...
MAX: Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las moscas. En cambio, los patronos, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y prehistóricas, procrean lentamente. Saulo, hay que difundir por el mundo la religión nueva.
EL PRESO: Mi nombre es Mateo.
MAX: Yo te bautizo Saulo. Soy poeta y tengo el derecho al alfabeto. Escucha para cuando seas libre, Saulo. Una buena cacería puede encarecer la piel de patrono catalán por encima del marfil de Calcuta.
EL PRESO: En ello laboramos.
MAX: Y en último consuelo, aun cabe pensar que exterminando al proletario también se extermina al patrón.
EL PRESO: Acabando con la ciudad, acabaremos con el judaísmo barcelonés.
MAX: No me opongo. Barcelona semita sea destruida, como Cartago y Jerusalén. ¡Alea jacta est! Dame la mano.
EL PRESO: Estoy esposado.
MAX: ¿Eres joven? No puedo verte.
EL PRESO: Soy joven. Treinta años.
MAX: ¿De qué te acusan?
EL PRESO: Es cuento largo. Soy tachado de rebelde... No quise dejar el telar por ir a la guerra y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón, cumplí condena, recorrí el mundo buscando trabajo, y ahora voy por tránsitos, reclamado de no sé qué jueces. Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más que eso...
MAX: ¿Pues qué temes?
EL PRESO: Que se diviertan dándome tormento.
MAX: ¡Bárbaros!
EL PRESO: Hay que conocerlos.
MAX: Canallas. ¡Y ésos son los que protestan de la leyenda negra!
EL PRESO: Por siete pesetas, al cruzar un lugar solitario, me sacarán la vida los que tienen a su cargo la defensa del pueblo. ¡Y a esto llaman justicia los ricos canallas!
MAX: Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime.
EL PRESO: ¡Todos!
MAX: ¡Todos! ¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?
EL PRESO: Señor poeta que tanto adivina, ¿no ha visto usted una mano levantada?

Se abre la puerta del calabozo, y EL LLAVERO, con jactancia de rufo, ordena al preso maniatado que le acompañe.

EL LLAVERO: Tú, catalán, ¡disponte!
EL PRESO: Estoy dispuesto.
EL LLAVERO: Pues andando. Gachó, vas a salir en viaje de recreo.

El esposado, con resignada entereza, se acerca al ciego y le toca el hombro con la barba. Se despide hablando a media voz.

EL PRESO: Llegó la mía... Creo que no volveremos a vernos...
MAX: ¡Es horrible!
EL PRESO: Van a matarme... ¿Qué dirá mañana esa Prensa canalla?
MAX: Lo que le manden.
EL PRESO: ¿Está usted llorando?
MAX: De impotencia y de rabia. Abracémonos, hermano.

Se abrazan. EL CARCELERO y el esposado salen. Vuelve a cerrarse la puerta. MAX ESTRELLA tantea buscando la pared, y se sienta con las piernas cruzadas, en una actitud religiosa, de meditación asiática. Exprime un gran dolor tacíturno el bulto del poeta ciego. Llega de fuera tumulto de voces y galopar de caballos.
La obra completa, aquí.

sábado, 11 de febrero de 2012

¿Por qué lo llaman trabajo cuando quieren decir dinero?

   Si de algo puede presumir la sociedad capitalista actual es de haber sabido ocultar sus propios principios, entendidos prácticamente como el oscuro mecanismo de un sistema ininteligible (y sin alternativa). Así, el trato cotidiano con los préstamos, las deudas, el comercio, la producción, la moneda, la cotización, las acciones y un largo etcétera consigue que los asumamos como verdaderos axiomas o leyes gravitacionales y no como un simple fenómeno económico histórico que no siempre existió ni tiene por qué existir en un futuro.
   Por eso a veces uno se olvida de que dentro del sistema todo se hace por dinero. ¿Cuál es la consecuencia de ello? Aquí se explica un poco mejor; extraigo unas palabras:
En cualquier sistema monetario, el motor de la industria es la utilidad monetaria, es decir, vender algo por más de lo que vale. El bienestar de la humanidad no se incluye en la ecuación. [...] Cualquier necesidad humana es secundaria frente a la necesidad de utilidad monetaria del mundo de los negocios. Si la utilidad es insuficiente, el servicio cerrará. [...] Dado que la cultura de hoy se basa en la utilidad monetaria, entonces nosotros no producimos bienes basados en las necesidades humanas. Por ejemplo, no construímos casas basadas en las necesidades de poblamiento. No producimos alimentos para alimentar a la gente. La motivación primaria de la industria es la utilidad monetaria.
   Jacques Fresco (repaso de principios capitalistas)
   
   Y entonces, si no se produce, comercia ni consume pensando en las necesidades humanas, ¿para qué se trabaja? Algo similar ha debido pensar Isaac Rosa, el autor de La mano invisible, novela que, para más inri, he acabado de leer la noche anterior a la aprobación de la nueva reforma laboral. El trabajo asalariado es el motor de todo ese mecanismo descomunal de producción que nos rodea y un requisito exigido a cada ciudadano. Desde luego, la gente trabaja mayoritariamente por obligación, porque si no, no podría mantenerse. De hecho, pelea por su puesto, lo defiende como sea, pero ¿se pregunta para qué sirve lo que hace; quién se beneficia de ello; si es justo su esfuerzo (o su recompensa); quién disfruta de lo que produce?
   Uno de los personajes, sí:
Trabajar lo justo, usa a menudo la expresión, trabajar lo justo, y tampoco es cierto, no es esto lo justo, nunca ha entendido por qué hay que trabajar como mínimo ocho horas y no tres o cuatro, cuando lo comenta con conocidos la miran como a una niña pequeña que desafía con su lógica inocente el mundo duro de los alumnos, y como tal no la toman en serio, aunque ella insiste, pregunta por qué son necesarias esas ocho, nueve o diez horas diarias para que cada uno viva de su trabajo, para vivir dignamente, lo que quiera que eso signifique (pág. 316).
   Rosa utiliza inteligentemente el esquema de las antiguas parábolas: pone a una serie de personajes arquetípicos (doce trabajadores sin nombre, la mayoría poco cualificados, y fáciles de identificar dentro del imaginario social) en una situación metafórica (trabajando en una nave con el único objeto de que los vean trabajar unos espectadores, donde da igual que lo que hacen no sirva para nada). Ahí arranca una trama muy sencilla que, sin embargo, se va desarrollando muy poco a poco y de manera indirecta, ya que el narrador se limita únicamente a contar las acciones y los pensamientos de cada personaje, uno por capítulo. Este método narrativo podría recordarnos al Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, donde el lector solo conoce lo que pasa a través del punto de "vista" de los personajes y su situación forma parte de una gran metáfora sin alegoría ni moraleja clara, desagradable, que expone muchos más problemas de los que puede ocultar un final más o menos feliz.
    En una novela así, o tal vez en todas, la capacidad de acierto del autor no se mide en la concepción, la idea, sino en los detalles. En este caso, en que las actitudes de los personajes sean reconocibles en el mundo real, en que sus vidas y sus actos nos remitan a él. Según cambien sus circunstancias de trabajo aparecerán el escaqueo, el servilismo, el conformismo, el peloteo, el cansancio, la indiferencia, el disfrute, la responsabilidad, el esfuerzo, la  indignación, la protesta..., tanto en sus recuerdos del pasado como en el "Gran hermano" de ocho horas que están viviendo, en el que cada uno termina por retratarse. Lo mismo que el lector, porque ¿quién no ha estado harto de su jefe? ¿quién no ha admitido hacer cosas que no le correspondían? ¿quién no se ha creído más importante que sus compañeros? Esta identificación es un ejercicio que merece la pena, incluso si resulta efectista; incluso si, como en el texto de arriba, hay cierto abuso y convencionalismo al narrar los pensamientos; incluso si la catarsis no llega.
   Una "mano invisible" maneja a todos, a los personajes y a nosotros, ya que nadie escapa de ser una pieza dentro del gigantesco engranaje que hace funcionar. Incluso aunque no quiera. Terrorífico, ¿verdad? Las preguntas que los personajes despiertan sobre la mercantilización del trabajo no pueden ser más pertinentes, pues suponen una toma de conciencia para quienes estamos
[...] aislados, desprotegidos, a solas con sus faenas, desnudos en su condición de trabajadores, convertidos en una metáfora que ninguno era capaz de nombrar, tal vez ni siquiera de reconocer, esto es el trabajo, esto son trabajadores, esto es trabajar, si alguno de entre el público pensaba otra cosa, desengáñese, pierda la inocencia, mírenlo, de esto se trata, doce personas que entregan tiempo, esfuerzo, atención, conocimientos, cansancio, salud, y no saben por qué lo hacen, no saben por qué no pueden evitar hacerlo, y tampoco saben para qué, cuál es el resultado, lo hacen por dinero, sí, por necesidad, sí, porque están en paro, porque tienen que pagar hipotecas y alquileres, porque tienen que comer, pero eso no es todo, hay mucho más ( pág. 345).

viernes, 3 de febrero de 2012

Profesores interinos en Andalucía




¿Te imaginas que tuvieras que examinarte cada dos años de los contenidos de toda la carrera para demostrar que tu titulación sigue estando vigente? ¿Te imaginas que tu empresa ofertara tu puesto de trabajo y tuvieras que volver a pasar todo el proceso de selección para demostrarles otra vez, a quienes ya te tienen contratado, que sabes hacer el trabajo que llevas meses desempeñando?
Los profesores interinos andaluces no podemos más. La Junta de Andalucía nos está haciendo pasar por una situación laboral insoportable, estamos sometidos a una tensión diaria que está pasando factura a todo el colectivo.
Esta situación comenzó en el 2010, cuando la Consejería de Educación con el único apoyo de UGT aprobó un decreto, el 302/2010, mediante el cual dividía a los interinos en dos grupos: “interinos con derecho”, todos aquellos que tienen tiempo trabajado antes de junio del 2010, aunque solo sean días e “interinos sin derecho”, aquellos profesores que se incorporaron después de esa fecha.
Los interinos con derecho están ordenados en las bolsas de trabajo por tiempo de servicio como único criterio, mientras que a los interinos sin derecho nos ordenan por la nota de oposición.
Además, este decreto no valora la experiencia y sí los cursos que se pagan a los sindicatos o universidades privadas y que puedo asegurar que no valen para nada. En muchos de ellos incluso te mandan las respuestas de los cuestionarios que hay que cubrir para obtener el título.
Por culpa de este decreto, hay compañeros que perdieron su puesto en las oposiciones de 2011. La mayoría se han organizado y llevan cuatro meses encerrados en la catedral de Sevilla.

La situación actual para los interinos de secundaria es la siguiente:
  • Nos tenemos que presentar a las oposiciones de junio de 2012 y nos vemos obligados a aprobarlas de nuevo con una buena nota para no acabar en el paro. Por si alguien no lo sabe, los profesores que estamos ahora trabajando y afectados por el decreto, obtuvimos nuestro puesto aprobando las oposiciones de 2010.
  • El temario de las oposiciones de este año fue publicado hace dos meses (BOE 18/11/2011). Son unas oposiciones del Grupo A, con temarios muy amplios que ni las academias ni las editoriales tienen preparados a estas alturas.
  • Las pruebas de acceso son diferentes a las de hace dos años. Eliminatorias y con parte práctica.
  • Los profesores que llevamos menos tiempo trabajando, por lo general, tenemos sustituciones cortas. Dos o tres meses en un centro y a volver a empezar: nuevo pueblo, nuevos alumnos, nuevos niveles... Si trabajas en educación sabes lo que esto significa y si no, puedes hacerte a la idea.
  • Para colmo de males, estas oposiciones se han convertido en un arma electoral para el PPSOE en las elecciones andaluzas. Que la convocatoria esté todo los días en boca de los políticos y de los medios aumenta la ansiedad de los que tanto nos jugamos y tan pocas opciones de salir con éxito nos están dejando.
  • Los sindicatos no nos hacen ni caso. Les da igual que no podamos presentarnos a estas oposiciones en las mismas condiciones que los demás interinos, les da igual que no hayamos tenido tiempo para prepararnos, les da igual que nos vayamos a la calle porque ya vendrán otros que harán nuestro trabajo. Interinos de usar y tirar.
En fin, ya sé que en los tiempos que corren todos estamos igual de mal o peor, pero necesitaba explicar la difícil situación en la que nos encontramos los profesores en Andalucía. ¡Qué no solo en Madrid cuecen habas, coño!

miércoles, 1 de febrero de 2012

Sin esperanza, con convencimiento

   Creo que este título del poemario de Ángel González explica bastante bien la situación. Ha pasado un año  desde que este blog se abrió y, desde luego, han ocurrido muchas cosas. Nada buenas, la mayoría. Los golpes recibidos han trastocado su conciencia. Así que lo que iban a ser más bien apuntes sobre la literatura y sus alrededores se ha transformado mayoritariamente en un conjunto de críticas y artículos sobre el presente.
   Pero ha resultado imposible superponer lecturas interesantes a la urgencia de los gritos. ¿Cómo dedicar el tiempo a compartir mis impresiones sobre Watchmen, Aire nuestro, Luces al atardecer o la poesía de Nicanor Parra cuando es tan necesario aventar las miserias? 
   Cuento lo que veo, sobre todo lo que me parece injusto. Algo así les ha llegado a pasar a otros. Y el viernes dos tipos que tienen un programa de radio a una hora bastante anodina se vieron obligados a hacer lo mismo: rompieron el guión porque no había estómago que soportase cambiar de tema, seguir como si nada, dejar colgadas a las personas que llamaban para compartir su desgracia:


   ¿Oportunismo periodístico? No, sinceramente hay veces que las cosas pasan así. Será por algo. A lo mejor porque la acumulación de esas desgracias precisa ya de una nueva catarsis. Mucha gente llora en sus casas de rabia e impotencia. Y, a veces, se cuela en la radio o en otro lugar. Escuchadlos.
    No. No ha bastado nada de lo sucedido hasta ahora, pues lo peor aún está por venir. No hay  esperanza, pues en todas partes advierten que cada vez menos gente podrá trabajar durante los próximos años. Habrá otros momentos para discutir sobre el trabajo como modelo de relación económica, pero no es eso lo que está destrozando a medio país.
   Así que, ¿cómo no sentir la misma rabia y dejar de lado otros asuntos, como si fueran frívolos?
   Y aun así, siempre aparecen las coincidencias. Como por casualidad. Para bien o para mal desde aquí se ve todo con estas gafas, a través de poemas como este. Tendrá que bastar:
 
El invierno
de lunas anchas y pequeños días
está sobre nosotros. Hace tiempo
yo era niño y nevaba mucho,
mucho. Lo recuerdo
viendo a la tierra negra que reposa,
apenas por el hielo
de un charco iluminada.
Es increíble: pero todo esto
que hoy es tierra dormida bajo el frío,
será mañana, bajo el viento,
trigo.
          Y rojas
amapolas. Y sarmientos…

Sin esperanza:
la tierra de Castilla está esperando
-crecen los ríos-
con convencimiento.
 Ángel González
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...