sábado, 11 de febrero de 2012

¿Por qué lo llaman trabajo cuando quieren decir dinero?

   Si de algo puede presumir la sociedad capitalista actual es de haber sabido ocultar sus propios principios, entendidos prácticamente como el oscuro mecanismo de un sistema ininteligible (y sin alternativa). Así, el trato cotidiano con los préstamos, las deudas, el comercio, la producción, la moneda, la cotización, las acciones y un largo etcétera consigue que los asumamos como verdaderos axiomas o leyes gravitacionales y no como un simple fenómeno económico histórico que no siempre existió ni tiene por qué existir en un futuro.
   Por eso a veces uno se olvida de que dentro del sistema todo se hace por dinero. ¿Cuál es la consecuencia de ello? Aquí se explica un poco mejor; extraigo unas palabras:
En cualquier sistema monetario, el motor de la industria es la utilidad monetaria, es decir, vender algo por más de lo que vale. El bienestar de la humanidad no se incluye en la ecuación. [...] Cualquier necesidad humana es secundaria frente a la necesidad de utilidad monetaria del mundo de los negocios. Si la utilidad es insuficiente, el servicio cerrará. [...] Dado que la cultura de hoy se basa en la utilidad monetaria, entonces nosotros no producimos bienes basados en las necesidades humanas. Por ejemplo, no construímos casas basadas en las necesidades de poblamiento. No producimos alimentos para alimentar a la gente. La motivación primaria de la industria es la utilidad monetaria.
   Jacques Fresco (repaso de principios capitalistas)
   
   Y entonces, si no se produce, comercia ni consume pensando en las necesidades humanas, ¿para qué se trabaja? Algo similar ha debido pensar Isaac Rosa, el autor de La mano invisible, novela que, para más inri, he acabado de leer la noche anterior a la aprobación de la nueva reforma laboral. El trabajo asalariado es el motor de todo ese mecanismo descomunal de producción que nos rodea y un requisito exigido a cada ciudadano. Desde luego, la gente trabaja mayoritariamente por obligación, porque si no, no podría mantenerse. De hecho, pelea por su puesto, lo defiende como sea, pero ¿se pregunta para qué sirve lo que hace; quién se beneficia de ello; si es justo su esfuerzo (o su recompensa); quién disfruta de lo que produce?
   Uno de los personajes, sí:
Trabajar lo justo, usa a menudo la expresión, trabajar lo justo, y tampoco es cierto, no es esto lo justo, nunca ha entendido por qué hay que trabajar como mínimo ocho horas y no tres o cuatro, cuando lo comenta con conocidos la miran como a una niña pequeña que desafía con su lógica inocente el mundo duro de los alumnos, y como tal no la toman en serio, aunque ella insiste, pregunta por qué son necesarias esas ocho, nueve o diez horas diarias para que cada uno viva de su trabajo, para vivir dignamente, lo que quiera que eso signifique (pág. 316).
   Rosa utiliza inteligentemente el esquema de las antiguas parábolas: pone a una serie de personajes arquetípicos (doce trabajadores sin nombre, la mayoría poco cualificados, y fáciles de identificar dentro del imaginario social) en una situación metafórica (trabajando en una nave con el único objeto de que los vean trabajar unos espectadores, donde da igual que lo que hacen no sirva para nada). Ahí arranca una trama muy sencilla que, sin embargo, se va desarrollando muy poco a poco y de manera indirecta, ya que el narrador se limita únicamente a contar las acciones y los pensamientos de cada personaje, uno por capítulo. Este método narrativo podría recordarnos al Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, donde el lector solo conoce lo que pasa a través del punto de "vista" de los personajes y su situación forma parte de una gran metáfora sin alegoría ni moraleja clara, desagradable, que expone muchos más problemas de los que puede ocultar un final más o menos feliz.
    En una novela así, o tal vez en todas, la capacidad de acierto del autor no se mide en la concepción, la idea, sino en los detalles. En este caso, en que las actitudes de los personajes sean reconocibles en el mundo real, en que sus vidas y sus actos nos remitan a él. Según cambien sus circunstancias de trabajo aparecerán el escaqueo, el servilismo, el conformismo, el peloteo, el cansancio, la indiferencia, el disfrute, la responsabilidad, el esfuerzo, la  indignación, la protesta..., tanto en sus recuerdos del pasado como en el "Gran hermano" de ocho horas que están viviendo, en el que cada uno termina por retratarse. Lo mismo que el lector, porque ¿quién no ha estado harto de su jefe? ¿quién no ha admitido hacer cosas que no le correspondían? ¿quién no se ha creído más importante que sus compañeros? Esta identificación es un ejercicio que merece la pena, incluso si resulta efectista; incluso si, como en el texto de arriba, hay cierto abuso y convencionalismo al narrar los pensamientos; incluso si la catarsis no llega.
   Una "mano invisible" maneja a todos, a los personajes y a nosotros, ya que nadie escapa de ser una pieza dentro del gigantesco engranaje que hace funcionar. Incluso aunque no quiera. Terrorífico, ¿verdad? Las preguntas que los personajes despiertan sobre la mercantilización del trabajo no pueden ser más pertinentes, pues suponen una toma de conciencia para quienes estamos
[...] aislados, desprotegidos, a solas con sus faenas, desnudos en su condición de trabajadores, convertidos en una metáfora que ninguno era capaz de nombrar, tal vez ni siquiera de reconocer, esto es el trabajo, esto son trabajadores, esto es trabajar, si alguno de entre el público pensaba otra cosa, desengáñese, pierda la inocencia, mírenlo, de esto se trata, doce personas que entregan tiempo, esfuerzo, atención, conocimientos, cansancio, salud, y no saben por qué lo hacen, no saben por qué no pueden evitar hacerlo, y tampoco saben para qué, cuál es el resultado, lo hacen por dinero, sí, por necesidad, sí, porque están en paro, porque tienen que pagar hipotecas y alquileres, porque tienen que comer, pero eso no es todo, hay mucho más ( pág. 345).

viernes, 3 de febrero de 2012

Profesores interinos en Andalucía




¿Te imaginas que tuvieras que examinarte cada dos años de los contenidos de toda la carrera para demostrar que tu titulación sigue estando vigente? ¿Te imaginas que tu empresa ofertara tu puesto de trabajo y tuvieras que volver a pasar todo el proceso de selección para demostrarles otra vez, a quienes ya te tienen contratado, que sabes hacer el trabajo que llevas meses desempeñando?
Los profesores interinos andaluces no podemos más. La Junta de Andalucía nos está haciendo pasar por una situación laboral insoportable, estamos sometidos a una tensión diaria que está pasando factura a todo el colectivo.
Esta situación comenzó en el 2010, cuando la Consejería de Educación con el único apoyo de UGT aprobó un decreto, el 302/2010, mediante el cual dividía a los interinos en dos grupos: “interinos con derecho”, todos aquellos que tienen tiempo trabajado antes de junio del 2010, aunque solo sean días e “interinos sin derecho”, aquellos profesores que se incorporaron después de esa fecha.
Los interinos con derecho están ordenados en las bolsas de trabajo por tiempo de servicio como único criterio, mientras que a los interinos sin derecho nos ordenan por la nota de oposición.
Además, este decreto no valora la experiencia y sí los cursos que se pagan a los sindicatos o universidades privadas y que puedo asegurar que no valen para nada. En muchos de ellos incluso te mandan las respuestas de los cuestionarios que hay que cubrir para obtener el título.
Por culpa de este decreto, hay compañeros que perdieron su puesto en las oposiciones de 2011. La mayoría se han organizado y llevan cuatro meses encerrados en la catedral de Sevilla.

La situación actual para los interinos de secundaria es la siguiente:
  • Nos tenemos que presentar a las oposiciones de junio de 2012 y nos vemos obligados a aprobarlas de nuevo con una buena nota para no acabar en el paro. Por si alguien no lo sabe, los profesores que estamos ahora trabajando y afectados por el decreto, obtuvimos nuestro puesto aprobando las oposiciones de 2010.
  • El temario de las oposiciones de este año fue publicado hace dos meses (BOE 18/11/2011). Son unas oposiciones del Grupo A, con temarios muy amplios que ni las academias ni las editoriales tienen preparados a estas alturas.
  • Las pruebas de acceso son diferentes a las de hace dos años. Eliminatorias y con parte práctica.
  • Los profesores que llevamos menos tiempo trabajando, por lo general, tenemos sustituciones cortas. Dos o tres meses en un centro y a volver a empezar: nuevo pueblo, nuevos alumnos, nuevos niveles... Si trabajas en educación sabes lo que esto significa y si no, puedes hacerte a la idea.
  • Para colmo de males, estas oposiciones se han convertido en un arma electoral para el PPSOE en las elecciones andaluzas. Que la convocatoria esté todo los días en boca de los políticos y de los medios aumenta la ansiedad de los que tanto nos jugamos y tan pocas opciones de salir con éxito nos están dejando.
  • Los sindicatos no nos hacen ni caso. Les da igual que no podamos presentarnos a estas oposiciones en las mismas condiciones que los demás interinos, les da igual que no hayamos tenido tiempo para prepararnos, les da igual que nos vayamos a la calle porque ya vendrán otros que harán nuestro trabajo. Interinos de usar y tirar.
En fin, ya sé que en los tiempos que corren todos estamos igual de mal o peor, pero necesitaba explicar la difícil situación en la que nos encontramos los profesores en Andalucía. ¡Qué no solo en Madrid cuecen habas, coño!

miércoles, 1 de febrero de 2012

Sin esperanza, con convencimiento

   Creo que este título del poemario de Ángel González explica bastante bien la situación. Ha pasado un año  desde que este blog se abrió y, desde luego, han ocurrido muchas cosas. Nada buenas, la mayoría. Los golpes recibidos han trastocado su conciencia. Así que lo que iban a ser más bien apuntes sobre la literatura y sus alrededores se ha transformado mayoritariamente en un conjunto de críticas y artículos sobre el presente.
   Pero ha resultado imposible superponer lecturas interesantes a la urgencia de los gritos. ¿Cómo dedicar el tiempo a compartir mis impresiones sobre Watchmen, Aire nuestro, Luces al atardecer o la poesía de Nicanor Parra cuando es tan necesario aventar las miserias? 
   Cuento lo que veo, sobre todo lo que me parece injusto. Algo así les ha llegado a pasar a otros. Y el viernes dos tipos que tienen un programa de radio a una hora bastante anodina se vieron obligados a hacer lo mismo: rompieron el guión porque no había estómago que soportase cambiar de tema, seguir como si nada, dejar colgadas a las personas que llamaban para compartir su desgracia:


   ¿Oportunismo periodístico? No, sinceramente hay veces que las cosas pasan así. Será por algo. A lo mejor porque la acumulación de esas desgracias precisa ya de una nueva catarsis. Mucha gente llora en sus casas de rabia e impotencia. Y, a veces, se cuela en la radio o en otro lugar. Escuchadlos.
    No. No ha bastado nada de lo sucedido hasta ahora, pues lo peor aún está por venir. No hay  esperanza, pues en todas partes advierten que cada vez menos gente podrá trabajar durante los próximos años. Habrá otros momentos para discutir sobre el trabajo como modelo de relación económica, pero no es eso lo que está destrozando a medio país.
   Así que, ¿cómo no sentir la misma rabia y dejar de lado otros asuntos, como si fueran frívolos?
   Y aun así, siempre aparecen las coincidencias. Como por casualidad. Para bien o para mal desde aquí se ve todo con estas gafas, a través de poemas como este. Tendrá que bastar:
 
El invierno
de lunas anchas y pequeños días
está sobre nosotros. Hace tiempo
yo era niño y nevaba mucho,
mucho. Lo recuerdo
viendo a la tierra negra que reposa,
apenas por el hielo
de un charco iluminada.
Es increíble: pero todo esto
que hoy es tierra dormida bajo el frío,
será mañana, bajo el viento,
trigo.
          Y rojas
amapolas. Y sarmientos…

Sin esperanza:
la tierra de Castilla está esperando
-crecen los ríos-
con convencimiento.
 Ángel González

sábado, 21 de enero de 2012

Huelga ¿indefinida?




El martes pasado empezó una huelga indefinida de las trabajadoras encargadas de la limpieza de los institutos de secundaria de Sevilla. Sí, trabajadoras, nada de trabajadores y trabajadoras. El primer día de huelga, que afectaba al centro en el que trabajo, busqué información en Internet para saber por qué se convocaba y solo encontré una noticia en 20minutos.es que parafraseaba un comunicado de UGT pero que me sirvió para enterarme de que Orlimtec, la empresa encargada del servicio de limpieza, no era puntual en el pago de las nóminas. Además, supe que esta empresa era la concesionaria de la limpieza de todos los centros de secundaria de la provincia y que de ella dependían más de 500 personas..
En el instituto se notaron los efectos desde el minuto uno. Cientos de adolescentes en el mismo edificio se hacen notar. El jueves por la mañana los alumnos estaban seguros de que así no podían seguir y de que si la huelga continuaba ellos no iban a ir a clase, y yo estaba convencida de que eso era lo mejor que podía pasar para que las limpiadoras lograran que les pagasen de una vez todo lo que les debían.
Los alumnos no llegaron a faltar a clase. La huelga se desconvocó el jueves por la tarde. Creí que ya les habían pagado. Pero no.
Pude hablar con una de las trabajadoras del instituto que me estuvo explicando lo que realmente había pasado. En noviembre Orlimtec se hizo con la concesión para limpiar los centros de secundaria de Sevilla. Al concurso se presentaron empresas de limpieza serias que cumplen el convenio de los trabajadores a rajatabla pero el gato al agua se lo llevó Orlitec, que además de no pagar a sus empleadas, tampoco les envía el material y los productos que necesitan para poder trabajar. Desde noviembre escasea de todo y lo que más, los sueldos. En tres meses solo han cobrado una nómina (en el mes de enero) que en muchos casos no se corresponde con todo lo que les deben de un mes de trabajo porque algunas de ellas hacen más horas de las que declara la empresa y esas horas se las tienen que pagar a parte.

Hoy todavía no han cobrado todo. La huelga se ha desconvocado solo porque la empresa ha empezado a pagar a algunas trabajadoras parte de lo que les deben. La sensación que tienen es que esto no va a terminar aquí porque la empresa no les ha pagado con el dinero que les ha dado la Junta sino que han tenido que firmar un crédito para poder empezar a pagar los sueldos.
Estas mujeres se han tenido que armar de valor para ir a la huelga, ellas saben que la empresa lleva buena cuenta de las que más han participado en la organización y en las protestas. La inestabilidad laboral del sector limpieza les hace temer que si siguen con la huelga pueden perder el trabajo. Alguna de ellas ni siquiera han podido ir a la concentración que hubo a las puertas de la Consejería porque no tenía dinero para el desplazamiento.
Lo que no entiendo es por qué los sindicatos las dejan ahora a mitad de camino. Seguro que si siguen con la huelga están a un paso de que les paguen todo lo que les deben y pueden exigir que se respeten los convenios.
Además, la Junta de Andalucía ya sabe por lo que está pasando este colectivo, ¿por qué da concesiones a tan bajo precio cuando sabe que los primeros que van a pagar el pato son los sueldos de los trabajadores? ¿Por qué no retira la concesión a una empresa que incumple la legislación pagando en B y que además se salta el convenio?
Y una vez más CCOO y UGT demuestran que lo único que les importa es salir guapos en las fotos, colgarse medallas en los periódicos, que su nombre se vea más que el de los demás pero a la hora de la verdad, les da por saco que ellas puedan comer mañana o no, que les respeten sus derechos o que les paguen de acuerdo con el trabajo que realizan.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Las cosas hechas entre todos

   Que levanten la mano aquellos a los que les da vergüenza ajena la última campaña publicitaria de Telefónica (perdón, de Movistar). En ella uno de los grupos empresariales de mayor tamaño y beneficios del mundo pretende establecer, mediante una metáfora visual, que sus decisiones provienen de la opinión de sus clientes, que (oh, maravillosa tergiversación) son estos los que la dirigen.
   Hay aún más. La metáfora, por resultar simpática, se apropia de la imagen de la reciente actividad asamblearia que se está desarrollando en las plazas desde la primavera. Por supuesto, esto es un ejercicio consciente de mercadotecnia, buscando el guiño a la actualidad, la frescura, lo alternativo. Como si la empresa con mayor cuota de mercado pudiera ser alternativa. Esta vuelta de tuerca resulta denigrante y ofensiva porque trivializa el movimiento asambleario hasta la ridiculez. Como si fuera trascendental decidir el precio de un SMS. Como si el consejo de administración de una gran empresa hiciera caso a cualquier propuesta. Como si una asamblea se pareciera a las reuniones de comunidad de vecinos de Aquí no hay quien viva. En fin, aquí está por si alguno no lo ha visto:



   Son las licencias de la ficción, que no por serlo dejan de mostrar el peor gusto, el que promueven y bendicen unos directivos multimillonarios que intentan ser tan cools, que simulan pedir perdón por la campaña sin retirarla. Incluido su condenado presidente por manejar información privilegiada en la venta de acciones de Tabacalera.
   Pero hay que recordar la historia, porque su lema tan cínico, "las cosas hechas entre todos", tiene aún más significado del que parece. Porque está muy cerca de la realidad la idea de que lo que hace Telefónica lo hacemos entre todos. El problema es que solo lo disfrutan sus accionistas.
   El caso es que Telefónica no es solo una de las mayores empresas del país, sino que fue una de las primeras y, por tanto, aventajada, de los monopolios y empresas públicas que fueron privatizadas. Ocurrió hace 15 años, al final del último gobierno de Felipe González, cumpliendo así una de las medidas previstas en el tratado de Maastricht: que los estados liberalizaran todos los sectores de la economía para que las empresas europeas pudieran competir entre sí. Lo que no incluía el tratado de Maastricht (sí otras perversidades, pero esa no) era el gran negocio: privatizar una empresa que poseía el 100% de la cuota de mercado antes de que otras pudieran competir con ella, generando un verdadero pelotazo para todos aquellos que invirtieran en su capital, pues tenían asegurado el beneficio, incluso con despidos irregulares en el paquete. Así pasó con Telefónica, Repsol (a.k.a. Campsa), las eléctricas, Correos, Iberia, Transmediterránea o las más recientes Renfe, Adif o la futura Loterías.
   Algunas conservan una residual participación pública, pero todas se basan en el mismo principio. Las empresas hechas con los impuestos de todos, levantadas por miles de trabajadores, son vendidas y se convierten en expendedoras automáticas de beneficios para sus accionistas privados, mayormente porque en un principio no tienen nadie con quien competir. Todas ellas conservan la mayor parte del mercado e incluso cierta exclusividad. ¿De quién son las líneas de teléfono? Antes puede que de todos, ahora ya no.
   Todo este proceso ha culminado con el cambio de nombre de la empresa. El descriptivo Compañía Telefónica Nacional de España que aún se ve en alguna tapa que cubre el recorrido de las líneas bajo las calles ha acabado siendo un chispeante y precioso Movistar. Esto no dice nada, pero lo dice todo.


domingo, 20 de noviembre de 2011

Inquietudes electorales a la hora del té

Inexorablemente
Giramos en un círculo vicioso.
Dentro de la jaula hay alimento.
Poco, pero lo hay.
Fuera de ella solo se ven enormes extensiones de libertad.

Nicanor Parra, "Inflación"





    Bien, ya pasó el trámite. Cánovas (perdón, Rajoy) sustituirá formalmente a Sagasta (perdón, Zapatero) tal y como estaba previsto. Cambió el turno siete años después y es el PP el que asumirá el gobierno. Se escenifican las poses de un teatro triste y cansino, que no genera ninguna esperanza.
   De todas formas comparto mis reflexiones:

  • Irónicamente el PP tenía el cambio como eslogan, cuando en realidad el cambio de gobierno es una rutina. No peligra ninguna institución obsoleta ni el modelo económico ni la influencia y el poder solapado de la clase social más alta. O sea, que todo sigue igual. Llevan décadas encargándose de eso. Apretarán todo lo que puedan a la clase trabajadora, la que vive de su sueldo (cada vez más bajo, sin duda) y no de inversiones de capital. 
  • Cánovas y Sagasta (etc.) eran títeres de la burguesía decimonónica. Rajoy y ZP lo son de la superburguesía financiera del capital, representada por los poderes de los bancos centrales, el FMI, la Comisión europea, las corporaciones... Ni se tomaron ni se tomarán medidas contra ellos. De ahí que la gente haya votado sin entusiasmo, porque no son tontos.
  • Si los votantes del PP creen que a partir de ahora todo va a ir a mejor son tan ingenuos como los que creyeron a ZP cuando ganó diciendo que no había crisis económica y que habría pleno empleo.
  • Ni Chacón ni ningún otro candidato del PSOE habría sacado menos diputados. Ahora, que sabían que iban a perder y necesitaban un candidato capaz de disimular durante meses y sacrificarse. Mejor si se iba a retirar dentro de poco. Le esperará una jugosa jubilación por los servicios prestados a la gran organización progre.
  • De todas formas, el PP solo saca 550000 votos más. No hay más gente que vote a Rajoy. Son los mismos resignados. Sobre todo donde han gobernado más tiempo, en Castilla y León o Galicia, por ejemplo.
  • Casi 11 millones de votos es una cantidad importante, pero no deja de ser una mayoría por debajo del 30% del censo, aproximadamente. 
  • Los medios siguen sin hablar de los votos en blanco y nulos. Total, solo son un 1,37% y un 1,29% respectivamente. Pues resulta que han alcanzado un récord, sobre todo en el senado, donde han llegado al 5,37% y el 3,71%, más de 2 millones, que se dice pronto.
  • Sería absurdo pensar que más de un millón de personas no saben votar y se equivocan sin querer. El voto nulo es voluntario. La abstención es también voluntaria, claro. Pero, además, es consciente en un alto porcentaje. En ambas cámaras ha superado el 28%, más de 9 millones.
  • Todo esto debería suponer un tema importante que tratar, ya que sigue habiendo una mayoría de no representados: 6,5 millones de extranjeros y 9,7 millones de abstención, además de 317000 votos nulos, el doble que hace cuatro años.
  • No tiene ningún sentido que no puedan votar los extranjeros residentes en España y sí los españoles residentes en el extranjero. Eres de donde paces, no de donde naces.
  • Los partidos minoritarios no nacionalistas obtuvieron más de 3 millones de votos y 16 diputados, tantos como CiU con la tercera parte de votos. Las cuentas no salen y parece que por fin hay una ligera inquietud general ante este desajuste monumental que regala mayorías absolutas rojas o azules al pasar del 40% de votos.
  •  Aun así, el partido que más ha crecido, IU, no debería pensar que sus nuevos votantes son incondicionales. Si sigue el juego a los sindicatos timoratos y muestra cualquier ambigüedad ante políticas del gobierno y estrategias de la oposición mayoritaria volverá fácilmente a su estado anterior. Tendrá que demostrar que ha entendido las demandas de la gente que más se está movilizando, algo que a su estructura no le resultará demasiado fácil.
  • Y pasando a la celebración, la música en la sede del PP era muy similar a las de las retransmisiones multitudinarias de la selección en el mundial o la eurocopa o una verbena no tan española como el discurso del proto-presidente del gobierno. 
  • Esto confirma que muchos votantes del PP son forofos, no ciudadanos críticos, pero eso no excluye al resto de partidos, como por ejemplo Artur Mas gritando emocionado que han hecho un hat trick. No es un descubrimiento que la política en España está regida por los aparatos de partido, que crean esa masa de forofos acríticos (abonados sin carné) y constituyen el primer filtro contra ideas o actuaciones nuevas desde dentro del sistema.
  • Y el senado. ¿Sirve de algo una cámara en la que un partido tiene el 70% de los escaños, que no representa a nadie, no reforma nada, no propone?
  • Y miremos al oeste para adivinar el futuro: el PSD portugués, partido conservador muy similar al PP, lleva fracasando desde que asumió el poder en junio. O al norte: después de todas las medidas contra los funcionrios y la subida de la edad de jubilación, otro modelo del PP, Francia, va de mal en peor.
   ¿Y ahora?

   Las movilizaciones continuarán, pero los chaqueteros querrán apuntarse después de haber gobernado contra los movimientos ciudadanos. Lo mismo harán los sindicatos de Toxo y Sancho. No debemos dejar que sus banderas tapen el Sol.


domingo, 13 de noviembre de 2011

PP, PSOE, Madrid, Barça

"El tiempo está a favor de los pequeños"
Silvio Rodríguez

   La política cada vez se parece más al fútbol. Aquella ha perdido toda capacidad de acción y transformación y se ha acabado convirtiendo en la mera gestión del sistema único, en el que se simula el enfrentamiento como en tiempos de Cánovas. Pura ficción con un solo propósito: desviar la atención. Un trampantojo sobre la fachada de la casa medio derruida de las sociedades actuales.

   El fútbol, por su parte, ha perdido su carácter de juego y casi de deporte porque, como en muchos otros, importa básicamente el dinero. Esta situación se ve agravada en España, ya que el sistema de gestión de los clubes se basa en el capital y el capital solo lo tienen dos. Evidentemente hay una consecuencia: es como si no hubiera competición, igual que se restringen hasta el mínimo las posibilidades de cambio real o de intervención de la ciudadanía en unas elecciones como las del próximo domingo. El poder solo es de dos y ambos mantendrán el status quo mientras les beneficie. Lo suyo carece de mérito.
   El fútbol y la política actuales son injustos, aunque, por supuesto, más grave lo es en el caso de la política, mucho más importante, mucho más desvirtuada e impotente más allá de las pequeñas pero crecientes muestras de cambio reflejadas en las movilizaciones de todo tipo organizadas en el último año desde fuera del sistema.
   La esperanza de un cambio político y social está ahora mismo ahí, en esos pequeños equipos amateur que representan mucho mejor las ideas que el resto. Lo poco que de hermoso le queda al fútbol lo ponen los equipos que saben que les va a ser casi imposible ganar, pero que juegan como si no fuera así.
   Nunca he votado a PP ni PSOE ni he animado a (torcido por) Madrid o Barça, así que sé de lo que hablo. Mi equipo, más que probablemente, nunca ganará un campeonato, pero alguna vez dinamitará las reglas y las costumbres adquiridas. Merecerá la pena acordarse de ello, como sobreviven mucho mejor en mi memoria las victorias contra pronóstico y los resultados imposibles a priori.
   En un futuro nadie recordará cuántas ligas ganaron el Barça o el Madrid en los 90, pero sí que el Atleti ganó una. ¿Y cuando Uruguay ganó a Brasil en Río en 1950, cuando el Numancia eliminó a dos equipos de primera en la copa y empató con el Barça, cuando el Valladolid goleó al Barça 3-1 y el Alcorcón al Madrid 4-0, cuando Italia ganó la semifinal de la Eurocopa a Holanda jugando 100 minutos con uno menos, cuando el Liverpool ganó la copa de Europa al Milan perdiendo 3-0, cuando Jamaica ganó su único partido en un mundial a Japón?
    Es triste, pero hasta en el aburrido panorama actual del fútbol hay más posibilidades de sorpresa que en las elecciones. Ahora, cada día hay muchos otros partidos por jugar, imprescindibles para tumbar a los grandes.


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